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La institución que no se ha ido: el Ejército frente a los retos del país

Opinión

Cuando las instituciones se miden en los momentos difíciles

En América Latina, la historia ha puesto a prueba a los países no en tiempos de calma, sino en medio del desastre, la violencia y la incertidumbre. Golpes de Estado, invasiones, crisis internas y catástrofes naturales han sido el escenario donde las instituciones revelan su verdadera dimensión. En ese contexto, reconocer al Ejército Mexicano, en el marco del próximo Día del Ejército, no es un acto protocolario: es un ejercicio de memoria y de justicia institucional.

En México, el Ejército ha estado ahí cuando el país más lo ha necesitado. No como actor político, no como poder paralelo, sino como institución leal al Estado y al pueblo, disciplinada y presente cuando la emergencia rebasa cualquier cálculo.

América Latina y el papel decisivo de sus ejércitos

La región ofrece ejemplos contundentes. En Chile, tras el devastador terremoto de 2010, fueron las Fuerzas Armadas las que garantizaron orden, auxilio y las primeras tareas de reconstrucción. En Centroamérica, después de huracanes como Mitch, Eta u Otis, los ejércitos fueron la diferencia entre el colapso y la contención humanitaria. En múltiples países, cuando la infraestructura civil se vio rebasada, fueron los soldados quienes aseguraron alimentos, rescates y estabilidad mínima.

México no ha sido la excepción. Con el Plan DN-III-E, el Ejército convirtió la ayuda en política de Estado. Terremotos, inundaciones, incendios y huracanes han mostrado que el soldado mexicano ha ayudado más con las manos que con las armas.

La diferencia mexicana: lealtad sin ruptura

A diferencia de otros países latinoamericanos donde las Fuerzas Armadas terminaron capturadas por proyectos políticos o rompieron el orden constitucional, el Ejército Mexicano ha mantenido una línea clara: lealtad al Estado, no a gobiernos. Esa frontera —difícil y frágil— ha sido una de las mayores fortalezas institucionales del país y explica la alta credibilidad social que aún conserva.

No se trata de idealizar, sino de reconocer una trayectoria institucional que ha privilegiado la obediencia constitucional y la disciplina por encima de la coyuntura.

Treinta años de desgaste silencioso

Esa lealtad, sin embargo, no ha sido gratuita. En los últimos treinta años, el Ejército ha cargado con un desgaste acumulado al asumir tareas para las que no fue originalmente concebido. El combate a la inseguridad pública, que debería descansar en instituciones civiles sólidas, terminó recayendo de forma creciente en las Fuerzas Armadas ante la debilidad policial, la corrupción y la ausencia de capacidades locales.

El régimen actual profundizó esta tendencia, asignando al Ejército funciones administrativas, civiles y económicas que lo colocaron en el centro del debate político cotidiano. El resultado ha sido un desgaste institucional y una crisis de imagen que no nace del soldado, sino del uso excesivo de la institución.

Cuidar al Ejército también implica no sobrecargarlo.

Una historia que también es personal

Este reconocimiento no es solo analítico; es profundamente personal. Soy bisnieto de un héroe de guerra, el capitán Luis Martínez Miranda, integrante del Heroico Escuadrón 201, que participó —por necesidad histórica— en la Segunda Guerra Mundial. Aquella decisión no fue ideológica ni oportunista: fue un acto de responsabilidad internacional y de defensa de valores fundamentales.

Ese episodio recuerda que el Ejército Mexicano no ha buscado la guerra, pero ha respondido cuando la historia lo ha exigido.

Rostros, no solo uniformes

El Ejército también se explica a través de las personas que lo integran. Generales, tenientes y soldados que han elegido servir con honor. Entre ellos, quiero reconocer a grandes amigos y a figuras como Don Mario del Valle, quien como agregado militar mexicano hizo historia durante el golpe de Estado en Chile, salvaguardando a numerosas familias y trasladándolas con seguridad hasta suelo mexicano.

Son historias poco contadas, pero que explican por qué el Ejército no es una abstracción: es una comunidad de mujeres y hombres que han puesto la vida al servicio del país.

El futuro: cuidar a quien ha cuidado al país

México necesita Fuerzas Armadas fuertes, respetadas y con funciones claras. Necesita un Ejército preparado para defender la soberanía, auxiliar a la población y respaldar al Estado en situaciones extraordinarias, no sustituir permanentemente a las instituciones civiles.

Reconocer al Ejército hoy implica reconstruir equilibrios, fortalecer lo civil y permitir que la institución regrese plenamente a la misión para la que fue creada.

Conclusión: la lealtad también se cuida

El Ejército Mexicano ha demostrado que su mayor fortaleza no está en la fuerza, sino en la disciplina, la lealtad y la vocación de servicio. Ha estado en la tragedia, en la emergencia y en la reconstrucción. Ha sostenido al país cuando más lo ha necesitado.

Cuidar al Ejército es cuidar a México. Porque las instituciones que han ayudado a salir adelante no deben desgastarse sirviendo más allá de lo que les corresponde. Y porque detrás de cada uniforme hay una historia, una familia y un compromiso que merecen respeto.

Para observar en la semana: soberanía y seguridad en tensión

Será clave observar el debate que comienza a tomar forma sobre la posible intervención obligada de Estados Unidos en operaciones vinculadas al combate de grupos delictivos que, desde la óptica estadounidense, representan ya un espectro equiparable al terrorismo.

El tema coloca a México frente a un dilema delicado: por un lado, la cooperación internacional en materia de seguridad y la presión para contener redes criminales transnacionales; por el otro, el principio histórico de soberanía y no intervención. Este debate atraviesa a la ciudadanía y genera posiciones encontradas incluso dentro de sectores tradicionalmente institucionales.

De avanzar este escenario, no será un asunto exclusivo del Ejecutivo. Todo apunta a reuniones urgentes entre el Ejecutivo federal y el Congreso de la Unión, por sus implicaciones constitucionales y por la necesidad de definir límites claros, alcances y responsabilidades del Estado mexicano. La discusión deberá centrarse en coordinación con reglas, respeto al marco constitucional y preservación de la autoridad del Estado sobre su territorio.

Por un México en Paz ¡que vivan las instituciones!

Nos vemos

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