Cada vez existen más evidencias de que la crisis climática está causando fuertes estragos en la naturaleza propia de nuestro planeta. Según los últimos datos obtenidos, el pasado año 2025 está considerado como el tercero más cálido de todos los registrados hasta ahora, lo que provoca el derretimiento de los glaciares de montaña de la Tierra. Es por ello que la comunidad científica ya se ha puesto manos a la obra para gestionar dicha sensación.
Esta iniciativa ha sido la que ha desembocado en el Ice Memory Sanctuary, un proyecto que consiste en la conservación de núcleos de hielo en forma de cilindro. Estos son extraídos de glaciares que presentan el riesgo de ser notablemente afectados por el calentamiento global. Es por ello que dicha medida ya se está poniendo en práctica en la Antártida, la localización más fría de nuestro planeta.
El área en la que dicho sistema se está adoptando se encuentra en las proximidades de la estación franco-italiana Concordia, en plena meseta antártica, siendo uno de los rincones con la climatología es más extrema. Prueba de ello son los -50ºC que suelen definir las condiciones habituales de este lugar.
Sistema para la preservación en el futuro
Con esta iniciativa, se prevé la conservación de grandes cantidades de hielo durante cientos de años sin la utilización obligatoria de sistemas eléctricos ni refrigeración artificial. La respuesta reside precisamente en el Ice Memorial Sanctuary, ya que no requiere de generadores ni motores para resultar efectivo y funcional.
Al estar excavado por debajo de la nieve ártica de manera directa, se recurre al frío natural del congelado continente para realizar su función conservadora. En este sentido, dicho sistema funcionaría en cualquier circunstancia, incluso con el colapso de mundo exterior. De esta manera, el hielo protegido también sirve de archivo histórico del clima de épocas pasadas.
Es precisamente el avance constante de la tecnología el que nos propone varias alternativas para enfrentar problemas del presente. Pero, además, también nos permite estudiar el pasado para conocer mejor nuestro planeta, incluso después de un deterioro tan extendido que complique su estudio aún más que en la actualidad.