San Luis Potosí, SLP.- El anuncio de Morena sobre haber rebasado los once millones de afiliados en el país no pasó inadvertido en el Congreso del Estado. Más allá del número, la cifra abrió una discusión de fondo, ¿el crecimiento partidista es un tema que debe celebrarse desde la tribuna legislativa o un asunto que debería permanecer en la vida interna de los partidos?.
Desde la bancada morenista, el diputado Carlos Artemio Arreola Mallol defendió el dato como una muestra tangible de respaldo social. Aseguró que no se trata de una acumulación artificial de nombres, sino del resultado de un trabajo territorial sostenido y de mecanismos de afiliación validados por el Instituto Nacional Electoral. “No son solo estadísticas; son millones de voluntades libres y conscientes que decidieron sumarse al proyecto de transformación”, expresó.
El legislador subrayó que el tamaño del padrón no debe leerse únicamente como un símbolo de poder político, sino como una carga de responsabilidad frente a la ciudadanía. En su visión, la fortaleza de Morena no está en los cargos públicos, sino en su base social: “La fuerza de Morena no está en los cargos, sino en su gente; mientras haya millones dispuestos a defender el voto, se podrá impulsar el bienestar colectivo”.
Sin embargo, la narrativa triunfalista encontró resistencia. La presidenta de la mesa directiva, la diputada priista Sara Rocha Medina, puso sobre la mesa una duda clave, la pertinencia de convertir un tema partidista en materia de debate legislativo. Reconoció que cada representante tiene derecho a expresar los asuntos que considera relevantes, pero advirtió sobre el riesgo de construir discursos alejados de la realidad.
“Lo único que te puedo decir es que todos tenemos derecho a subir los temas de interés de cada uno de nosotros como representantes de los partidos que somos. Y yo creo que lo más importante es vivir realidades, no mentiras, no falacias, no engaños”, señaló. Además, llamó a observar con cautela los padrones, al advertir que existen casos donde las afiliaciones no son del todo voluntarias: “Podemos hablar de muchos padrones que son a fuerzas, porque al final del día les dan un recurso y de ahí los obligan a empadronarse”.
Así, el debate dejó de centrarse únicamente en el tamaño del padrón de Morena y se desplazó hacia una discusión más amplia los límites entre la promoción política y la función legislativa. Mientras unos ven en los once millones una prueba de legitimidad popular, otros cuestionan si el Congreso es el espacio adecuado para presumir números que, más allá de impresionar, requieren escrutinio y contexto.