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El tablero político: piezas desesperadas y silencios que pesan

Tablero político.

La política potosina ya se juega como un tablero de ajedrez, aunque oficialmente falte cerca de un año para que arranque el proceso electoral rumbo a 2027. Hay quienes mueven fichas con ansiedad, otros que parecen haber perdido piezas y algunos que, sin hacer ruido, observan con calma antes de atacar. En ese juego, PRI, PAN y Morena muestran más nervios que estrategia, mientras el Partido Verde avanza en silencio, midiendo tiempos y espacios.
 
El caso del PRI en San Luis Potosí es quizá el más revelador. A estas alturas, el tricolor parece un rey acorralado, con pocas salidas y casi sin piezas que lo respalden. Los únicos nombres que figuran son Sara Rocha y Enrique Galindo Ceballos, y no mucho más. No hay efervescencia, no hay militantes levantando la mano, no hay estructuras operativas sólidas tras despidos y desinterés interno. Más que prudencia, lo que se percibe es vacío. Y en el caso de Galindo, los pasivos pesan, problemas de seguridad, bacheo deficiente, escándalos administrativos, el conflicto del agua y una pérdida clara de confianza ciudadana. A ello se suma una narrativa poco rentable políticamente, el protagonismo de su esposa, Estela Rodríguez, cuya relevancia pública no ha trascendido más allá de ser “la esposa del alcalde”. Para un PRI ya debilitado, eso no suma.
 
El PAN, por su parte, parece moverse con prisa, como si temiera quedarse sin lugar en la mesa. En San Luis Potosí ha acumulado críticas que no son menores, su postura en contra de ampliar derechos reproductivos, particularmente el voto relacionado con el aborto, lo colocó lejos de una parte importante de la ciudadanía. A nivel local, la falta de conexión con causas sociales y la ausencia de liderazgos frescos podrían cobrar factura. El panismo suena, sí, pero suena más por la urgencia de “agarrar hueso” que por una propuesta sólida que recupere la confianza perdida.
 
Morena tampoco llega limpio al tablero. A nivel nacional, los tropiezos de su presidenta y decisiones polémicas han generado ruido y desgaste. En lo local, los errores son más visibles,  militantes defendiendo posturas internacionales insostenibles —como el respaldo al régimen venezolano—, un sector salud federalizado que cerró el año sin insumos ni medicamentos, y representantes más enfocados en la ideología que en resolver problemas reales. Todo eso puede convertirse en lastre electoral, por más marca que represente Morena.
 
Y mientras unos se desgastan hablando de más, el Partido Verde juega distinto. No ha destapado perfiles, no ha acelerado discursos, pero tiene claro algo: hay hombres y mujeres con capital político suficiente para competir, independientemente de cómo se aplique la ley de paridad. Ahí están nombres que pesan y que conectan con distintos sectores: Juan Carlos Valladares, Ruth González Silva, Ignacio Segura Morquecho, Héctor Serrano, Gilberto Villafuerte y Juan Manuel Navarro, este último con un trabajo bien evaluado en Soledad. El Verde no grita, no corre, pero tampoco improvisa.
 
En política, como en el ajedrez, no siempre gana quien mueve primero, sino quien sabe esperar. Hoy, el PRI parece haber perdido el juego antes de comenzarlo, el PAN y Morena juegan con desesperación, y el Verde observa, calcula y avanza sin exponerse. La pregunta es si la ciudadanía sabrá leer el tablero y decidir si prefiere discursos vacíos, errores repetidos o una estrategia silenciosa que, hasta ahora, parece la mejor armada. Porque en 2027 no solo se elegirán cargos, se premiará —o castigará— la forma en que cada quien jugó la partida.
 
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