La advertencia de Donald Trump de ir "con todo" contra los cárteles mexicanos no es solo un eslogan de campaña reciclado; es una declaración de intenciones que ya encendió todas las alarmas en el Palacio Nacional. Como periodista, es necesario separar el ruido electoral de la viabilidad política, pero esta vez, el tono del republicano sugiere que el mazo viene con más fuerza que nunca.
Si el gobierno mexicano no quiere que intervenga Estados Unidos, debería implementar ya, acciones sumamente contundentes contra objetivos clave del crimen organizado. Pero aquí vienen las preguntas del millón: ¿Realmente se cuenta con la capacidad para enfrentarlos? ¿Cuántos políticos, militares y gente de la seguridad pública en el país tiene vínculos con las organizaciones criminales?
El escenario que veo, es que se podrán realizar acciones quirúrgicas bien planeadas en conjunto, pero otras tendrán que ser de manera individual porque ya no hay marcha atrás. Además, algo sumamente importante y que no debemos de perder de vista, es que las organizaciones criminales tienen ganancias mucho más altas por la extorsión, el tráfico de personas y el lavado de dinero que por la venta de drogas. Trump enfoca mucho su ataque, básicamente contra el fentanilo, pero los demás negocios también perjudican enormemente a la sociedad.
Si Trump se siente con el derecho de proponer intervenciones directas, es porque la estrategia de seguridad en México ha dejado un vacío de poder que los cárteles han llenado con sangre y fentanilo. La falta de resultados contundentes le regala a Washington el pretexto perfecto para actuar por cuenta propia.
Me llamó poderosamente la atención algo que escribió el activista político Jim Ferfuson en su cuenta de X donde expone tres escenarios: “Si Estados Unidos actúa contra los cárteles, México se enfrentará a tres realidades brutales: Dejemos que Estados Unidos actúe y exponga el poco control que realmente tiene México, intenta bloquearlo y corre el riesgo de enfrentarte a una superpotencia y no hacer nada y reconocer que los cárteles gobiernan el país, es por eso que se ven tropas moviéndose en la frontera.
En mi opinión, no basta con invocar el patriotismo en las "Mañaneras" ni en las plazas públicas. La soberanía se defiende con instituciones fuertes, sin corrupción y control del territorio, algo que hoy parece fragmentado.
Estamos ante un escenario donde la seguridad nacional de Estados Unidos ha colisionado de frente con el orgullo nacional de México. La pregunta no es si Trump va en serio —porque ya demostró que lo va— sino si el gobierno mexicano tiene un plan B que no sea simplemente esperar a que el temporal pase. La "pax narca" que es, cuando un cártel domina un territorio y reduce la violencia abierta porque no hay disputa con otros grupos, la paz es relativa y controlada por criminales, no por el Estado, ya no es una opción aceptable para el vecino del norte, y las consecuencias de esa impaciencia las pagaremos todos si no hay una respuesta estratégica y valiente.