San Luis Potosí, SLP.- En un contexto internacional marcado por tensiones políticas y discursos confrontativos, la Iglesia católica en San Luis Potosí lanzó un mensaje que va más allá de coyunturas y fronteras. El arzobispo Jorge Alberto Cavazos Arizpe advirtió que el mundo atraviesa tiempos “revueltos”, en los que resulta urgente recuperar el respeto a la dignidad humana y a la soberanía de los pueblos, particularmente frente a las decisiones y posturas de gobiernos con peso global como el de Estados Unidos.
Sin entrar en descalificaciones directas, el líder religioso subrayó que la convivencia internacional no puede construirse desde la imposición ni el desprecio, sino desde el reconocimiento mutuo. Recordó que el Papa ha insistido de manera reiterada en la necesidad de una paz “desarmada y desarmante”, una idea que, dijo, cobra especial relevancia cuando la violencia parece normalizarse tanto en el discurso político como en la vida cotidiana.
Cavazos Arizpe fue enfático al señalar que la humanidad no necesita más episodios de confrontación. Tras décadas de esfuerzos para superar los horrores de las guerras mundiales, insistió en que volver a caminos de violencia representa un retroceso ético y social. En ese sentido, llamó a rechazar cualquier forma de agresión, ya sea dentro del país o en el plano internacional.
El mensaje no se quedó en el ámbito de los gobiernos. El arzobispo apeló también a la responsabilidad individual y familiar, al considerar que cada persona puede y debe convertirse en promotora de paz en su entorno inmediato. En tiempos convulsos, señaló, la oración, la actitud humana y el compromiso cristiano se vuelven herramientas fundamentales para no ceder ante el maltrato ni la indiferencia.
Finalmente, recalcó que la violencia no debe asumirse como algo normal o inevitable. Desde la fe, dijo, se recibe la fuerza del amor y el reconocimiento de la dignidad propia y ajena, principios que obligan a rechazar de manera firme cualquier tipo de violencia. Un llamado que, más que religioso, se plantea como un recordatorio ético en medio de un mundo cada vez más polarizado.