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El nuevo orden

Imágenes desde el Zócalo.

La intervención armada de Estados Unidos en Venezuela, el arresto de Maduro y el juicio en Nueva York, pusieron sobre la mesa, un sinnúmero de posiciones políticas. El episodio marcó el inicio de un año, en el que las verdades absolutas se pondrán a prueba, en paralelo al nacimiento de un nuevo funcionamiento del mundo.
 
La acalorada discusión, mostró todo tipo de argumentaciones, a favor y en contra. Por un lado, quienes recurrieron al “viejo guión”, con condenas al Imperio, a la ilegítima extracción de la riqueza de las naciones y evocaciones encendidas a “las venas abiertas de América Latina”. Por otro lado, celebraciones a favor de la libertad, enunciados grandilocuentes en defensa de la democracia, contra el autoritarismo. Con agradecimientos por la deposición de “una larga dictadura sustentada en el uso ilegítimo del petróleo de los venezolanos” para pagar sus excesos. 
 
Al final del día, ambas posiciones tuvieron algo de razón. No obstante, el episodio desnudó que la mayoría de la gente prefiere desacreditar a quien opina diferente y cegarse. Conscientes o no, quienes defienden “ideologías” -de derecha o de izquierda- en verdad defienden a quien detenta el poder (y al poder mismo con todos sus excesos), siempre y cuando se sientan representados emocional y psicológicamente. 
 
Basta revisar lo exhibido en redes sociales, donde muchos venezolanos celebraron la caída de quien consideraban un dictador. ¿Qué sentirían cuando vieron que en lugar de Maduro simplemente quedó la chavista Delcy Rodríguez? Muchos otros, criticaron contundentemente la intromisión estadounidense. ¿Qué sentirían cuando vieron que ese mismo régimen no tardó mucho en alinearse a los intereses de los Estados Unidos? Incongruencias cristalinas que quitan el velo entre “el bien y el mal” que cada bando defiende.
 
¿Realmente Maduro y el régimen chavista estuvieron ligados al tráfico de drogas? ¿Ana Corina no tiene el respeto suficiente para dirigir al país? ¿Habrá algún cambio de fondo? Habrá que ver cómo evolucionan los temas. Sin embargo, hasta el momento lo único cierto es que la “realpolitik” y la fuerza predominan; hoy importan más el petróleo, la geoeconomía y la geopolítica, que la democracia e incluso que el derecho internacional.
 
En este rediseño del mundo, todo apunta a que habrá muchos temas más. ¿Groenlandia? ¿Cuba? ¿Ucrania? ¿Taiwan? y sobre todo, ¿México? Cabe recordar que Donald Trump, declaró a Fox News que su administración “va a empezar a atacar por tierra” a los cárteles ya que éstos “controlan ese país” y son los causantes de cientos de miles de muertes por drogas en Estados Unidos. 
 
¿Y si realmente ocurre esa incursión? ¿Cuál será el debate aquí? Habrá quienes legítimamente levantarán la voz en contra de la intervención, quienes se desgarren la voz por la defensa de la soberanía y el nacionalismo. Habrá quienes celebren la oportunidad de modificar una condición en la que, a manos del crimen organizado y la corrupción, los últimos cuatro gobiernos -de todos colores e ideologías- han sido incapaces de evitar la muerte de más de medio millón de personas y de casi 125 mil desaparecidos.
 
En los dos polos del debate, ambos tendrán razón, ambos tendrán una posición válida. No obstante, en este escenario, cabe preguntarnos, ¿cómo lograremos convivir nuevamente como hermanos mexicanos en un escenario de esta naturaleza? ¿Cómo evitaremos que la confrontación de ideas nos desgarre, nos divida y nos colapse como nación? ¿Cómo elegir el amor y la convivencia armoniosa, en lugar de la rabia y la violencia contra el que opina diferente?
 
Frente a las posiciones confrontadas, el fin de las verdades absolutas, la incertidumbre y el miedo que esto genera, debemos actuar con consciencia frente a las narrativas prevalecientes. Frente al ruido que vendrá, la pregunta a responder es, ¿cómo podemos evitar que el conflicto externo se sobreponga a nuestra soberanía interna? ¿cómo podemos discernir sin pleitos absurdos y enfrentar con éxito los males que nos aquejan? ¿Podemos conscientemente construir una realidad?
 
Frente a estos desafíos, la política tradicional, sus alcances y representantes, han quedado sumamente limitados. Requerimos una evolución en el actuar colectivo que inicie desde una limpieza interna, sin atavíos ni miedos. En esta nueva era, vale la pena abrir la discusión en torno a este tipo de reflexiones, especialmente, cuando lo que viene es una Reforma Política que emula al pasado, sin siquiera entender los retos que el nuevo presente delinea frente a todos nosotros.
 
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