Fue inocultable este pasado domingo la escasa fuerza política y territorial de Morena en San Luis Potosí durante la jornada de defensa de la soberanía nacional y apoyo a la presidenta Sheinbaum ante los amagos imperialistas del presidente Donald Trump, y hubo un claro acarreo de la burocracia federal mezclada con la base militante y la dirigencia del partido guinda.
Las plazas públicas de la capital potosina y principales municipios como Soledad, Matehuala, Ciudad Valles y Rioverde no se llenaron, se respiró decepción y desaliento, el esfuerzo de algunos delegados federales por aparentar fuerza y unidad fue insuficiente, los discursos no prendieron, la ciudadanía estuvo ausente, Morena se sigue alejando de las mayorías potosinas.
El derrocamiento del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y el riesgo de que militares de Estados Unidos invadan a México con el pretexto de capturar a los narcotraficantes más peligrosos, prendió el espíritu patriótico en gran parte del país y se esperaba una mayor participación de quienes simpatizan con el gobierno federal, nunca llegaron.
Fue la alta burocracia la que dio la cara, se dejaron ver en los distintos municipios los delegados Guillermo Morales, Eli Cervantes, Soledad Carreño y Darío Fernando González, entre otros, también los legisladores se movilizaron, todos tratando de encubrir el silencio y gran hueco dejado en las plazas por la falta de gente, por lo general apática ante las convocatorias de la Cuarta Transformación.
En la actual coyuntura potosina Morena no es el centro y menos el motor de la dinámica política, es un partido rezagado, arrastra vicios y conflictos internos no resueltos, heridas políticas, desdén a la normatividad de la vida partidaria, prácticas como el cohecho y nepotismo se han arraigado, los pactos y favoritismos hacia ciertos grupos, el reparto de cargos federales y legislaturas sin atender perfiles con trayectoria y resultados, se imponen los clanes, las familias; el que disiente es relegado.
El divisionismo se asoma en las filas de Morena, el mejor ejemplo es el de hace unos días cuando el diputado federal Gabino Morales hizo patente su desacuerdo con la manera como se conduce el partido en la entidad, hizo escarnio de la celebración de la Rosca de Reyes en la sede de Morena en Carranza, de tanta gente que asistió, diversa y con intereses hasta opuestos, no se hace una sola.
La debilidad de Morena está a flor de piel, no ha logrado un crecimiento sustantivo en los últimos seis años, no gobiernan ni una alcaldía importante, los lazos sanguíneos son los que se imponen en cargos y candidaturas, y se asumen actitudes de superioridad, ocupan el tercer lugar en las estadísticas electorales y pretenden imponer coaliciones bajo sus criterios, no se basan en la lógica de los números porque están perdidos de antemano con los resultados del PVEM en el gobierno de Ricardo Gallardo Cardona.
No se ve un cambio a la vista, para la elección del 2027 tienen más posibilidades el PRIAN que Morena de representar una opción, sin liderazgos y sin rumbo, la tienen muy complicada, no han podido convencer al electorado potosino porque proyectan una imagen de improvisación y discordia.