Imagina cuantas historias te anteceden y han tejido tu destino. Narraciones de amor, desamor, romance, pérdidas, guerras, alegrías, proyectos, aprendizajes, aventuras, resiliencia y cuántos infinitos escenarios posibles existen en la memoria familiar. Piensa en cuántas cosas maravillosas o terribles sucedieron en tu árbol genealógico que tu ni si quiera hubieses pensado. Las riquezas, las adversidades, los sabores, la magia, los aromas, los arquetipos y todo lo que vieron cantidad de ojos de tus familiares de antaño, aquellos(as) que no conociste, pero que habitan en ti a cada paso que das. Y también trae a este espacio todo lo que no se dijo, lo que se quedó como un silencio en las alcobas de tus parientes, en la profundidad y el silencio de sus noches, escrito en cartas que nunca llegaron o en los labios sellados que no quisieron romper la moral o las reglas de la época. Todo aquello que no se logró, frustraciones, rencores, venganzas o secretos que nadie miró. Y las creencias, aquella normativa rígida que se tatúa en cada alumbramiento sin permiso. ¿Has pensado en que es lo que identifica a tu tribu? Estamos hechos de historias. Y a partir de toda esa información tejemos nuestro propio destino, sin embargo, lo más sano y con lo que verdaderamente honraríamos a los que nos anteceden, es con una historia creada a partir de la autenticidad y de la conexión directa con la verdadera esencia y brillo de nuestra alma individual. Porque es cierto que somos parte de un alma familiar, pero perdernos en lo no resuelto, cargando con la herencia del sufrimiento, de la repetición, de intentar a nivel inconsciente repetir, reparar o compensar destinos que no son el nuestro lo único que trae es desgracia. Por eso es importante discernir y observar con respeto y honra aquello de nuestro sistema familiar, que nos nutre y aquello que es una trampa de repetición. ¿Qué estás heredando? ¿Alcoholismo, celos, avaricia, indiferencia, frialdad, inmadurez, ignorancia? O Sabiduría, inteligencia, creatividad, templanza, humildad, riqueza y alegría. Por supuesto que parte de la honra es decidir vivir la sobriedad, la confianza, la prosperidad, la empatía, la calidez, la madurez y el conocimiento. Es decir, todo aquello que vemos en la parte oscura de la dualidad, transformarlo en algo nutricio. Esa sería una forma de heredar con conciencia. Si en una familia existen debilidades, entonces, en vez de rechazar lo que de ellos viene, se puede tomar con las manos abiertas y llevar esa energía al corazón, para que allí se realice la alquimia, es decir, en ese espacio de amor y luz, transformar aquellas cargas dolorosas y esa información de sufrimiento, en información y energía más elevadas. Por ejemplo, si en una familia existe un fanatismo religioso, esa ya es una herencia. El miembro de la familia que decide no ser presa de esa cárcel psíquica, puede transformar esa información en respeto para cada ser con quien convive en su forma auténtica de relacionarse con el espíritu. No trata de convencer y no permite que le juzguen o adoctrinen, pero lo hace desde una sabiduría serena y luminosa. Esta persona ha trascendido una herencia que ha provocado dolor generación tras generación. Otra situación es acerca de la herencia del abuso sexual, el fruto de luz o persona que trabaja en su información transgeneracional, decide que limpiará todas esas memorias de dolor y las creencias tóxicas acerca de la sexualidad, que como espinas tóxicas surgieron de dichos sucesos traumáticos y entonces, resignifica la sexualidad, primero llevando ese concepto a una neutralidad y después resignificándolo como un impulso hacia la vida, sin cosificación, ni violencia, sino que con amor, ternura y belleza. Si en un sistema familiar, la herencia es la adicción, el o la buscador(a) asiente a esa herencia, acepta que la lleva consigo, pero decide darle voz a eso que yacía enterrado en el profundo inconsciente familiar y en vez de evadir y mirar hacia el otro lado del dolor, se permite tocar el suyo propio, reconocerlo, nombrarlo, abrazarlo y encaminarse hacia la sobriedad. Te propongo que te brindes un momento contigo mismo(a) y que con las manos en el corazón te permitas mirar a todo tu árbol genealógico frente a ti y te permitas mirar ¿Qué es lo que has heredado? Y después, desde la luz de tu ser y el amor de tu espíritu, identifiques que es aquello que puedes tomar en tus manos y transformar en algo nutricio y que abras los brazos completos a todo aquello que tu bella familia ha avanzado y te ha regalado con amor como un camino abierto, lleno de experiencia y sabiduría. Y tú, ¿Qué vas a heredar a la descendencia? Siéntete pleno(a) cuando te des cuenta de que tus dones y talentos, virtudes, logros y experiencia son bálsamos y bolsas llenas de tesoros para los que son más pequeños(as) y los que vendrán. Soltar lo que no te corresponde cargar, tomar lo que te nutre, aceptar lo que es y transformar lo que ha dolido y has hecho parte de ti por lealtad ciega es una manera hermosa de hacer una honra a todas esas historias a las que hoy sumas la tuya. Y yo deseo para ti, que día a día, tejas con magia y bendiciones tu propia historia, única, hermosa y verdadera.
Gracias