San Luis Potosí, SLP.- El suicidio en San Luis Potosí no solo mantiene una tendencia al alza, sino que perfila un escenario aún más grave para 2026. Con base en el comportamiento registrado entre 2019 y 2025, especialistas y análisis estadísticos advierten que el estado podría superar nuevamente los 120 casos anuales si no se modifican de fondo las estrategias de prevención y atención en salud mental. El problema no es repentino ni aislado, responde a patrones claros, picos recurrentes y padecimientos psicológicos que siguen siendo minimizados.
Tan solo en 2025, con corte al 9 de diciembre, se contabilizaron 115 suicidios en la entidad, con abril y octubre como los meses más críticos. Este comportamiento, que se ha repetido en distintos años, permite proyectar que 2026 podría cerrar con una cifra superior, especialmente si persiste la falta de detección temprana y atención oportuna. La estadística histórica refuerza la alerta, entre 2019 y 2025 se documentaron 925 muertes autoinfligidas, con años particularmente críticos como 2020, cuando el impacto emocional de la pandemia detonó un récord de casos.
Detrás de estos números hay un factor que suele pasar desapercibido, la depresión funcional, conocida clínicamente como distimia. Se trata de un trastorno depresivo crónico que no siempre incapacita de forma inmediata, lo que permite que quien lo padece continúe trabajando, estudiando o cumpliendo con sus responsabilidades cotidianas. Sin embargo, esa aparente normalidad oculta un desgaste constante, caracterizado por cansancio permanente, apatía, irritabilidad y una sensación persistente de vacío que se normaliza con el tiempo.
Especialistas advierten que muchas personas con distimia no buscan ayuda porque “no se sienten tan mal” como para acudir al psicólogo o iniciar terapia. Este es uno de los mayores riesgos, la funcionalidad se confunde con bienestar. La acumulación de frustración y desesperanza, sin atención profesional, puede escalar silenciosamente hasta pensamientos suicidas. En este contexto, acudir a terapia no debe verse como una reacción de emergencia, sino como una medida preventiva, incluso cuando no hay una crisis evidente.
El incremento sostenido de suicidios femeninos en los últimos años refuerza esta urgencia. Pasar de cifras mínimas en 2019 a casi 30 casos anuales en 2024 y 2025 revela que los padecimientos emocionales en mujeres no están siendo atendidos con el enfoque adecuado. La carga emocional, la violencia estructural y la exigencia de “seguir funcionando” agravan cuadros depresivos que rara vez reciben diagnóstico oportuno.
Si 2026 repite los patrones de los últimos años, San Luis Potosí enfrentará un nuevo repunte que ya no puede atribuirse a coyunturas excepcionales. La proyección de más de 120 suicidios anuales no es una predicción alarmista, sino la consecuencia lógica de una crisis de salud mental que avanza sin una estrategia integral.
Reconocer que el cansancio constante, la tristeza prolongada y la apatía no son normales es el primer paso. Acudir al psicólogo o iniciar terapia, incluso cuando “todo parece estar bien”, puede marcar la diferencia entre prevenir o engrosar una estadística que, año con año, sigue creciendo.