El nuevo líder de Venezuela tiene un estrecho camino hacia la supervivencia: apaciguar simultáneamente a los remanentes de línea dura del régimen de Nicolás Maduro y al Presidente Donald Trump, señaló The Wall Street Journal.
El diario mencionó que el dilema de Delcy Rodríguez quedó ilustrado horas después de que Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueran secuestrados de su dormitorio por comandos estadounidenses el sábado. Rodríguez, una socialista devota, salió a la radio con un tono desafiante, denunciando un ataque imperialista y declarando que su jefe seguía siendo el líder legítimo del país.
Al día siguiente, Rodríguez apareció en televisión encabezando una reunión de gabinete como presidenta interina y pareció ofrecer una rama de olivo a Trump, un archienemigo que ha amenazado con tomar medidas más contundentes a menos que el régimen de Caracas se someta.
"Priorizamos avanzar hacia unas relaciones internacionales equilibradas y respetuosas entre Estados Unidos y Venezuela", dijo Rodríguez, "basadas en la igualdad soberana y la no injerencia".
El Journal indicó que el cambio de tono de Rodríguez puso de relieve el equilibrio que su inestable liderazgo interino está poniendo a prueba mientras intenta resistir la presión estadounidense y, al mismo tiempo, evitar que el gobierno revolucionario del país se disuelva en luchas internas.
Por un lado, Rodríguez espera apelar a las tendencias transaccionales de Trump otorgando a empresas estadounidenses nuevos acuerdos en los vastos yacimientos petrolíferos de Venezuela. Con ello, Rodríguez, otrora principal asesor económico de Maduro, querría aliviar la presión estadounidense sobre el país sin tener que implementar profundas reformas democráticas.
Pero, al mismo tiempo, las concesiones a Washington podrían amenazar la estabilidad y la unidad entre los principales actores del poder del régimen. Para la izquierda radical y figuras autoproclamadas antiimperialistas como el ministro del Interior, Diosdado Cabello, y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino -quienes controlan la policía, el ejército y las fuerzas paramilitares del país-, rendirse a Estados Unidos es la forma más extrema de traición.
"Está atrapada entre el poderío estadounidense y el venezolano", dijo David Smilde, profesor de política venezolana en la Universidad de Tulane. "No puede doblegarse demasiado".
Las demandas de Trump son vagas, más allá de querer una mayor producción petrolera de Venezuela, con las empresas estadounidenses como eje central. Funcionarios estadounidenses también han dicho que quieren que cese el flujo de drogas a través del país y que quieren cortar la ayuda a los adversarios de Estados Unidos.
Si Rodríguez no cumple, "se enfrentará a una situación probablemente peor que la de Maduro", declaró Trump a los periodistas en el Air Force One el domingo.
El diario mencionó que Maduro, a quien Estados Unidos ha acusado de narcoterrorismo, intentó negociar con la Casa Blanca ofreciendo la posibilidad de atractivos acuerdos petroleros para los inversionistas estadounidenses, pero tuvo poca suerte.
Ahora, es el turno de Rodríguez de ver si puede satisfacer las exigencias comerciales de Trump. En cierto modo, ella y Trump podrían estar en la misma página.
Desde que asumió la vicepresidencia en 2018, Rodríguez, de 56 años, ha consolidado su influencia como la principal interlocutora de Maduro con el sector privado y sus socios comerciales.
Una persona cercana a Rodríguez afirmó que los comentarios de Trump son una señal de que Estados Unidos la ve como la remplazo más viable de Maduro, alguien que podría evitar que el país entre en un conflicto.