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Las ventanas rotas de Enrique Galindo

Detrás del Telón.

El maestro Enrique Galindo Ceballos hace públicas sus aspiraciones para ser candidato a la gubernatura y la realidad tangible le muestra que el camino está lleno de piedras y la ciudad parece estar más en el abandono que en pleno desarrollo como intenta hacernos creer con sus lemas y campañas publicitarias.
 
Ya con cuatro años de gobierno en la capital, son más que suficientes para hacer una evaluación de su desempeño y no sale bien librado con sus promesas de eficiencia, honestidad, seguridad y orden urbano, la percepción ciudadana y algunos indicadores oficiales tiran por la borda su narrativa triunfalista.
 
Hay maneras simples o fáciles de medir los resultados de un alcalde, su nivel de atención y respuesta a las demandas sociales, desde la presencia oportuna de un agente de tránsito en los cruceros más conflictivos de la ciudad, el mantenimiento del equipamiento urbano, la limpieza de zonas concurridas o la percepción de seguridad y tranquilidad de una familia en una colonia popular.
 
Hay una desconexión entre el discurso del alcalde Galindo y la realidad que lo rodea, son constantes los señalamientos por la inseguridad, la materia que en teoría conocería mejor, es la que presenta más pasivos en cuatro años de gestión, es su talón de Aquiles y se ha resistido hacer cambios, ajustes y aplicar nuevas estrategias, si no vemos a agentes de tránsito dirigiendo el tráfico, procurando al peatón, será más difícil encontrar a un policía listo para brindar un apoyo.
 
La ciudad  enfrenta problemas estructurales que perjudican la vida cotidiana: calles deterioradas, baches persistentes, carencia de estudios urbanos y la queja recurrente de muchos vecinos de que el mantenimiento urbano no es preventivo sino que se reacciona cuando el problema está creciendo, por eso resulta difícil que el discurso triunfalista embone con una realidad compleja y cambiante.
 
La gubernatura se ha vuelto un espejismo borroso y fragmentado para el alcalde Galindo, su gabinete no ha logrado dar resultados, la mayoría de las direcciones están en manos de panistas que no están comprometidos con la gente y piensan que tienen derecho a ocupar esos cargos solo por los votos que permitieron a Galindo reelegirse, es decir, no tienen vocación de servicio.
 
Si algo ha demostrado la gestión municipal bajo su mando es que ofrecer discursos optimistas no sustituye a los resultados palpables en las calles, en las colonias ni en la vida diaria de quienes caminan, trabajan o viven en esta ciudad.
 
Si se pretende levantar un perfil competitivo hacia la gubernatura sin antes haber resuelto estos problemas básicos como el hecho de que la gente no ve ni recibe buenos servicios y bienes de calidad, la ciudad seguirá acumulando rezagos en diversos rubros, en cuatro años no hubo cambios positivos, por ejemplo, en las ciclovías, seguridad y abasto de agua, y gobernar la entidad será un reto mayor, superior a las capacidades demostradas.
 
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