San Luis Potosí, SLP.- El cierre y arranque de año no solo marca balances financieros para las empresas, también destapa una realidad incómoda para miles de trabajadores en San Luis Potosí: aguinaldos incompletos, finiquitos que no se pagan y aumentos salariales que se prometen pero no se cumplen. Frente a este escenario, el Centro de Conciliación Laboral del Estado se ha convertido en la primera —y muchas veces única— puerta de defensa para quienes ven vulnerados sus derechos.
Cecilia Senllace Ochoa Limón, directora general del Centro, ha sido clara al señalar que la ciudadanía puede y debe recurrir a esta instancia cuando enfrenta incumplimientos laborales. De hecho, más del 90 por ciento de los casos que llegan a conciliación se resuelven a favor de los trabajadores, mientras que solo una minoría opta por continuar el proceso en un juicio laboral.
Las fechas no son casuales. Diciembre y los primeros meses del año concentran recortes de personal y cierres administrativos que disparan los conflictos. Por ello, la titular del organismo insistió en que las personas afectadas se acerquen al Centro, donde algunos asuntos pueden resolverse incluso en cuestión de horas.
Sin embargo, detrás de esta vía de solución rápida hay una presión constante que rara vez se visibiliza. Tan solo en la delegación metropolitana de San Luis Potosí, alrededor de dos mil personas acuden cada mes en busca de conciliación. Cada conciliador atiende entre 10 y 12 audiencias diarias, una carga que rebasa el diseño original del modelo y mantiene las agendas saturadas.
Senllace Ochoa Limón reconoció que el problema no es coyuntural. Al ser una instancia obligatoria antes de iniciar cualquier juicio laboral, el Centro concentra de manera permanente a trabajadores despedidos o en proceso de separación que buscan evitar tribunales. Esta obligatoriedad, aunque fortalece la conciliación, también ha evidenciado una carencia estructural de personal.
La funcionaria admitió que el número de conciliadores resulta insuficiente para atender el flujo constante de solicitudes. No obstante, subrayó que la solución no pasa únicamente por abrir más plazas, sino por incorporar perfiles comprometidos con la responsabilidad y la complejidad que implica mediar conflictos laborales.
La saturación ya tiene efectos visibles, menos tiempo por caso y un acompañamiento limitado para las partes, lo que contradice el espíritu del modelo de conciliación. Aun así, el Centro sigue siendo el espacio donde, para miles de potosinos, la justicia laboral deja de ser un trámite lejano y se convierte en una posibilidad real, aunque hoy opere al límite de su capacidad.