San Luis Potosí, SLP.- Esta semana, la lectura del Santo Evangelio recordó uno de los momentos más significativos del calendario litúrgico, la Epifanía del Señor, una celebración que va más allá de la tradición de los Reyes Magos y que representa la primera manifestación pública de Jesucristo al mundo.
El pasaje del Evangelio de San Mateo (Mt 2, 1-12) relata la llegada de los magos de Oriente a Belén, guiados por una estrella, en busca del “rey de los judíos que acaba de nacer”. No se trata solo de un viaje simbólico, sino del anuncio de que Jesús no vino únicamente para un pueblo, sino para todas las naciones.
La palabra epifanía proviene del griego y significa manifestación o darse a conocer. En este contexto, la Iglesia celebra que Cristo se revela como Mesías, Hijo de Dios y Salvador del mundo, no solo a Israel, sino a los pueblos representados por los Reyes Magos.
La Epifanía marca así un punto clave del mensaje cristiano, Jesús se manifiesta a todos, sin distinción de origen, cultura o nación. Los magos, extranjeros y sabios encarnan esa búsqueda humana de la verdad, guiada por la fe y la esperanza.
El relato evangélico destaca que los magos no se quedan inmóviles ante la señal de la estrella. Salen de su tierra, preguntan, se arriesgan y, finalmente, encuentran al Niño junto a María. Al reconocerlo, lo adoran y le ofrecen oro, incienso y mirra, regalos que simbolizan su realeza, su divinidad y su humanidad.
Este gesto, de acuerdo con la enseñanza cristiana, invita a los creyentes a salir de sí mismos, buscar a Cristo y permitir que ese encuentro transforme la vida, tal como lo hicieron los magos al regresar “por otro camino”.
En México y otros países, la Epifanía también se vive desde la cultura popular con la tradicional Rosca de Reyes, un pan que simboliza el compartir y la unidad. La figura del Niño Dios escondida en la rosca recuerda que Cristo se manifiesta de forma sencilla y que quien lo encuentra asume un compromiso con la comunidad.
Más allá de la tradición gastronómica, la celebración invita a reflexionar sobre el verdadero sentido de la fecha, reconocer a Jesús como luz que guía y transforma, y renovar la fe desde acciones concretas de solidaridad y conversión.
Así, la lectura de esta semana reafirma que la Epifanía no es solo una fiesta, sino un mensaje de esperanza, búsqueda y encuentro, que sigue resonando en la fe cristiana y en la vida social y cultural de millones de personas.