Somos seres de apego, sociales, de tribu. La comunidad es intrínseca a nuestra naturaleza. La solitud como conexión con el propio self puede ser muy saludable, sin embargo, mirarnos, tocarnos, percibirnos cerca y dejar que las neuronas espejo hagan lo suyo es muy humano y también propio de otras especies. Es verdad que hay personas más solitarias, por ser más introvertidas, pero aislarse e incomunicarse nos lleva al declive.
Es comprensible que en muchos casos y sobre todo después de hacer un proceso de autoconocimiento, terapéutico y de maduración emocional, pongamos límites a ambientes y grupos que en vez de nutrir lastiman, pero también es cierto que la comunidad en el área de lo real, lo simbólico y lo imaginario es fundamental para un sistema nervioso saludable.
Sí, hay que aprender a estar con uno(a) mismo(a), por supuesto, es parte de la individuación, del proceso alquímico, pero irse a un extremo por trauma, miedo, desazón o depresión es peligroso.
El grupo, la tribu, la semejanza, la conexión con otros, es sanador y da vida. Encontrarse en espacios en dónde las demás personas, ya sea humanas o no humanas, es decir, seres de otras especies, resuenan en amor, amistad y buena compañía, nos hace sentir que estamos a salvo a niveles del inconsciente profundo. Tal vez, en un principio de tu proceso de crecimiento y evolutivo, solamente escuchabas la voz del otro, no había ningún tipo de cuestionamiento acerca de cómo vivir, expresarte, ser e incluso sentir.
Cuando el sentido de pertenencia está lastimado, muchas veces puede ser lamentablemente sacrificada la autenticidad. Es posible que de niño(a) escucharas a los adultos criticar, condenar o enjuiciar a otras personas cuando no estaban presentes sólo por el hecho de ser diferentes.
Creciste con una lista interminable de lo que era adecuado y lo que resultaba despreciable. Y es que da terror a nivel muy inconsciente, es decir, en el área de la supervivencia, ser expulsado o excluido del clan. Y a partir de ese miedo es que la voz verdadera se comienza a enmudecer. No dices lo que piensas, prefieres callarte a ser mirado(a) con desaprobación.
¿Sabes cuánto sufrimiento he visto en la consulta por esta causa? Traicionarse a uno(a) mismo(a) es sumamente doloroso. La fuerza del grupo se queda arraigada en la costumbre y en lo que antes funcionó, aunque hoy ya no tenga más razón de ser, porque nada permanece, todo cambia, todo se transforma, pero decir algo nuevo, dudar de la tradición o expresar el deseo propio puede tener consecuencias que rompen el Alma. Desobedecer las normas impuestas a pesar de que no tengan absolutamente nada que ver con el desarrollo psico-emocional e incluso álmico de una persona, a veces aterra, porque la persona se arriesga a dejar de ser escuchado(a) o mirado(a) y en ocasiones exiliado(a) de su familia. No necesariamente de forma física, en ocasiones es energético, pero también duele.
Y si vemos como un pequeño colectivo a la familia que, a su vez, está inscrita discursivamente, es decir, en forma de creencias e ideología a otros colectivos mayores, si la persona que se atreve a conectar consigo mismo(a) desea expresar algo nunca dicho, algo nuevo, algo que los demás callaron u ocultaron por miedo, no solamente se enfrenta a sentirse solo(a) en su propia familia, sino que arrancado(a) del colectivo universal. Recuerda cuantos actos de horror profundo han sucedido en la historia del planeta, cuantas atrocidades se han cometido por esta causa: “No tienes derecho a ser, pensar o vivir diferente a mí.” Puede existir el amor entre los miembros de la familia, pero terminar separados por ideología. S
i lo haces diferente, no eres uno de los nuestros(as). ¿Quién dicta la sentencia? ¿Qué eco antiguo impuso el deber ser como una cárcel mental? Si no haces las cosas como las haría yo o el campo de información, al que estoy alienado(a), habrá consecuencias. Y no tiene que ver con tener conductas inmaduras, fuera de la ley o que hacen daño a otros o al sí mismo(a), sino que más bien, una elección distinta, solamente eso. A veces tiene que ver con la forma de vestir simplemente, la espiritualidad, la carrera, eso, preferencias. Esconderse detrás de máscaras para ser aceptados en un laberinto de colectivos conectados es exhaustivo. ¿Y entonces? Resiste. Respira, sigue caminando, escúchate, confía en ti y resiste.
¿Si la fuerza de algún colectivo se vuelve autodestructiva? No es ir en contra, simplemente, escuchar a tu intuición y a tu más profunda verdad interna; con respeto, con amor, con conciencia. ¿Y después? Seguirás perteneciendo al gran colectivo, a tu tribu y a los grupos correspondientes, pero sin sacrificar tu esencia y de pronto querido(a) amigo(a), aparecerán en tu vida los seres que se han atrevido a desobedecer para ser y en el más lindo escenario, tal vez, podrían formar una comunidad que desde el amor conciente albergue a sus co-creadores aceptando sus diferencias, originalidades, dones y talentos, creando así colectivos más maduros, más consientes, más sanos. No mejores, no.
Pero si más democráticos. Deseo para ti que sostengas la luz y la verdad de tu Alma con humildad y valentía y no te rindas hasta tomar tu lugar con entereza, siéndote fiel como lo que eres; un ser amado por el cielo. Deseo para ti que escuches a tu corazón, a tu elevada conciencia y no a una multitud que a veces, ha perdido la conexión y su mirada lamentablemente, ya no está girada hacia la luz.
Gracias por caminar juntos.
Tu terapeuta
Claudia Guadalupe Martínez Jasso.