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Estruendo en Acapulco: una mañana entre el miedo y el valor

El sismo que hizo crujir los edificios, provocó derrumbes, obligó a habitantes y turistas a correr por su seguridad

La calma del segundo amanecer de 2026 en el puerto de Acapulco, Guerrero, se vio interrumpida por el estruendo de un sismo que hizo crujir los edificios, provocó derrumbes, obligó a habitantes y turistas a correr por su seguridad y despertó el heroísmo en los hospitales donde el personal médico no abandonó a sus pacientes.
 
 Con un epicentro situado a 15 kilómetros al suroeste de San Marcos, Guerrero, y una magnitud de 6.5, el sismo de las 7:58 horas de este viernes sorprendió a la zona costera. El primer aviso fue el retumbar de las ventanas, un sonido que después fue opacado por el estallido de los cristales.
 
 Restaurantes que ayer celebraban el año nuevo, hoy vieron sus fachadas en el suelo, mientras las banquetas se cubrían de fragmentos de vidrio bajo el cerco de las cintas de precaución.
 
 En la Laguna de Coyuca, el miedo tomó formas extrañas.
 
 "Viste cómo se movieron las aves", comentaba con asombro un testigo mientras grababa cómo el agua brotaba desde el fondo como si la tierra exhalara.
 
 "¿Sigue? Sí, porque siguen saliendo burbujas", se escuchaba decir a otro tripulante de kayak que, entre notificaciones de alarma en su celular, documentaba cómo el ganado mugía ante un movimiento que no lograba comprender.
 
 En Barra Vieja, el suelo mismo se partió. Una habitante describió cómo las grietas se abrían en la arena.
 
 "Miren, aquí en Barra Vieja miren, cómo se agrietó la tierra, nombre bien feo, feísimo, feísimo que la verdad espero que estén bien las personas que están donde fue el epicentro, la mera verdad hizo recio", expuso al caminar a metros del mar que presentaba oleaje fuerte.
 
 Mientras el pánico empujaba a muchos hacia las calles, en los pasillos de los hospitales el miedo se transformó en servicio. En el Hospital Vicente Guerrero del IMSS y en el ISSSTE, el personal operativo -enfermeras, médicos y camilleros- no soltó la mano de sus pacientes.
 
 En un acto de humanidad y servicio, las enfermeras salieron a la calle con bebés en brazos, protegiendo las vidas más frágiles del puerto. Los camilleros empujaron camas conectadas a equipos vitales, sorteando el caos para asegurar que nadie luchara solo por su vida en medio de la emergencia.
 
 Mientras los pasillos se llenaban de polvo y plafones caídos, la vocación de estos trabajadores se convirtió en el único refugio seguro para los enfermos.
 
 La magnitud del evento no terminó con el primer sacudimiento. Con múltiples réplicas registradas, la sensación de inseguridad persiste.
 
 En la Zona Diamante, las familias y turistas se mantienen en las áreas comunes, mirando con recelo los edificios cuarteados, como el condominio Victoria, donde colonos reportaron cuarteaduras.
 
 En el Fraccionamiento Marina Diamante, la administración desplegó a su personal para realizar inspecciones en accesos, vialidades, áreas comunes y descartó daños aparentes o afectaciones visibles en la infraestructura general. No obstante, vecinos se apresuraron a revisar tomas de agua, instalaciones de gas, y algunos otros se apresuraron para tener a la mano un botiquín, papeles y artículos básicos ante una emergencia.
 
 Aunque las autoridades reportan un saldo blanco en vidas humanas y daños que califican como menores, el impacto emocional se revivió ante el temor de eventos pasados como el de magnitud 7.1 de septiembre de 2021 o el recordado sismo de Viernes Santo en 2014.
 
 "Ay no, iniciamos el año con todo, hasta temblor incluido y sigue temblando", expresó una mujer que difundió un video en el que se observó salir a turistas y comensales de los establecimientos en la zona turística.
 
 Como cientos de residentes en el puerto, la señora María del Carmen Godina describió la experiencia con una contundencia que reflejó el sentir de varios: "Fue horrible".
 
 El impacto del sismo también se sintió con en la infraestructura carretera, particularmente en la Autopista del Sol, donde una serie de derrumbes interrumpió la conexión entre el puerto y el centro del país.
 
Los reportes detallan afectaciones a lo largo de varios kilómetros: desde el kilómetro 343, con un deslave que bloqueó la dirección hacia Cuernavaca, hasta el 335 en el sentido opuesto hacia Acapulco; en el kilómetro 327 se registró una retención provocada por el desgajamiento de cerros, mientras que en el kilómetro 319, múltiples piedras de gran tamaño quedaron esparcidas sobre la carpeta asfáltica.
 
 Mientras el municipio de San Marcos evalúa daños en techos de teja y paredes de adobe caídas, en Acapulco se registra una salida masiva de turistas provenientes del Estado de México y la Ciudad de México, quienes han decidido adelantar su regreso ante la incertidumbre sísmica que persiste en el puerto.
 
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