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Magisterio potosino: la vocación que ha formado al estado

Opinión

Donde comienza el futuro

En San Luis Potosí, la historia del desarrollo no se entiende sin el magisterio. Antes que carreteras, parques industriales o planes de inversión, hubo maestras y maestros abriendo aulas, organizando comunidades y sembrando la idea de que estudiar podía cambiar una vida. El magisterio potosino no ha sido un sector más: ha sido cimiento.

Hablar hoy de educación en el estado es hablar de miles de docentes que, durante generaciones, han sostenido el vínculo más delicado y más poderoso entre el Estado y la sociedad: el aula.

Un hito que explica una vocación nacional

No es casualidad que en San Luis Potosí se haya realizado, por primera vez en el país, la entrega de libros de texto gratuitos a niñas y niños de educación básica, al arranque de la política nacional impulsada a finales de los años cincuenta. Aquella experiencia inicial marcó el comienzo de una de las transformaciones educativas más profundas de México y colocó al magisterio potosino en el centro de un proyecto nacional de igualdad educativa.

Ese hecho histórico no es una anécdota: es una señal del papel que el estado y sus docentes han jugado en la construcción del sistema educativo mexicano.

Cifras que hablan de una comunidad educativa extensa

La educación estatal no se sostiene en abstracto: se sostiene en números que traducen vidas y trayectorias. En el ciclo escolar 2024–2025, San Luis Potosí contaba con aproximadamente 48,673 docentes en todos los niveles educativos y 8,842 escuelas funcionando en el sistema educativo estatal, tanto públicas como privadas.

Ese mismo ciclo reportó alrededor de 742,723 alumnos inscritos —entre preescolar, primaria, secundaria, media superior y superior— en todo el estado, lo que significa familias, comunidades enteras que confían su futuro a la escuela pública.

Estas cifras también muestran que la educación es una infraestructura social que mueve personas, ideas, economía y esperanzas en cada rincón de San Luis Potosí.

Escuelas que forman identidad

La historia del magisterio potosino está íntimamente ligada a instituciones formadoras que han dado prestigio al estado. Entre ellas destaca la Benemérita y Centenaria Escuela Normal del Estado, una de las más antiguas del país, con más de siglo y medio de vida.

Además, otras instituciones como la Escuela Normal de Estudios Superiores del Magisterio Potosino han continuado la tradición formadora, con más de mil alumnos dedicados a profesionalizar su vocación docente.

La Normal no solo forma docentes; forma comunidad, identidad profesional y compromiso social. De sus aulas han salido generaciones que llevaron la educación a rancherías, colonias populares y municipios enteros donde la escuela fue, durante años, el único rostro del Estado.

El magisterio como cantera de liderazgo

El magisterio potosino también ha sido semillero de liderazgos que trascendieron el aula. Graciano Sánchez Romo, profesor normalista formado en San Luis Potosí, representa una generación donde enseñar y transformar iban de la mano.

Lo mismo puede decirse de Carlos Jonguitud Barrios, maestro potosino que encabezó el sindicalismo magisterial nacional en una etapa clave del siglo XX que llegó a ser un Gobernador emblemático de nuestro Estado, y de Juan Miranda Uresti, figura referencial del sindicalismo local y voz influyente para miles de docentes en el estado.

Con sus diferencias y contextos, todos confirman una realidad: el magisterio no solo educa; también participa en la vida pública.

Cincuenta años de cambios, retos y resistencia

En las últimas cinco décadas, el magisterio ha vivido transformaciones profundas: expansión de la matrícula, urbanización acelerada, reformas educativas, cambios curriculares, evaluación, nuevas tecnologías y una relación cada vez más compleja con el Estado.

Hoy, ese proceso desemboca en tensiones visibles: conflictos institucionales, reclamos laborales y un desgaste que no puede minimizarse. No es una crisis aislada; es el reflejo de un sistema que exige cada vez más a sus docentes y, muchas veces, responde con incertidumbre. Cuando el magisterio se resiente, se resiente el aula. Y cuando el aula se resiente, el costo lo paga la sociedad.

Educación y desarrollo: una relación inseparable

San Luis Potosí puede aspirar a ser más competitivo, más justo y más próspero solo si reconoce que su principal activo no es el territorio, sino su gente. Y esa gente se forma, primero, en la escuela pública.

El magisterio potosino ha acompañado al estado en sus etapas de crecimiento y también en sus momentos difíciles. Ha estado ahí cuando llegaron los libros gratuitos, cuando se expandieron las secundarias, cuando se formaron nuevas generaciones de profesionistas. Ha sido, en silencio, el hilo que conecta pasado y porvenir.

El dato jurídico: educación como derecho y obligación de Estado

La educación en México no es una política opcional: es un derecho constitucional y una obligación del Estado. El Artículo 3º de la Constitución establece el derecho de toda persona a la educación y fija los principios que deben regirla, mientras que el marco laboral del magisterio se vincula con el Artículo 123 y con la legislación educativa y laboral aplicable al servicio público.

En términos prácticos, esto significa algo simple pero decisivo: cuando el Estado no garantiza condiciones para enseñar, no solo falla administrativamente; falla en un mandato constitucional. Y cuando se debilita al magisterio —por incertidumbre, rezagos o falta de diálogo institucional— se debilita también la capacidad del Estado para cumplir su deber más estratégico: formar ciudadanía.

Epílogo: cuando la vocación también se aprende en casa

En lo personal, escribir sobre el magisterio potosino no es solo un ejercicio de análisis o reconocimiento público. Es también una experiencia cercana y profundamente personal. He tenido la fortuna de conocer al gremio desde dentro, a través de anécdotas y testimonios que me han permitido comprender la dimensión humana, profesional y social de ser maestro.

Por eso, quiero cerrar esta columna con un reconocimiento especial a los Profesores Lulú Gallegos y Raúl Rico Córdova, mis suegros, dos referentes del magisterio potosino en la Zona Media, a quienes guardo una profunda admiración. Su trayectoria, vocación y compromiso han dejado huella en generaciones de estudiantes y en la propia comunidad educativa. De ellos he aprendido a través de su ejemplo que enseñar es, ante todo, un acto de responsabilidad con el futuro y de amor por el servicio público.

A ellos, mi respeto y gratitud.

Y, a través de ellos, mi reconocimiento sincero a las miles de maestras y maestros que todos los días, en aulas grandes y pequeñas, en comunidades urbanas y rurales, forman a la juventud de mañana.

Porque detrás de cada historia de éxito en San Luis Potosí, casi siempre hay un maestro que creyó, enseñó y acompañó.

 Fue un grandioso año, 2026 estoy seguro vendrá mucho mejor.

¡Hasta pronto!

 

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