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'Muestra México potencial de asilo'

Si bien miles de personas han encontrado una segunda oportunidad en el país, indica, no hay todavía garantías de estabilidad en las políticas de atención a los refugiados

Al término de un mandato marcado por las secuelas de la pandemia de Covid-19, un flujo migratorio sin precedentes, el endurecimiento del control fronterizo por parte de Estados Unidos y una reducción drástica del financiamiento disponible, Giovanni Lepri, destaca como, en un escenario tan complejo, México ha mostrado su potencial en materia de asilo con la posibilidad de convertirse en un ejemplo a nivel regional y global.

Entrevistado en su último día como representante en el país de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) remarca que, contrario a lo que muchos suponen, el número de solicitantes de asilo en México no tiene visos de disminuir y advierte sobre diversos que persisten en la gestión de la protección y el apoyo a esas personas.

Si bien miles de personas han encontrado una segunda oportunidad en el país, indica, no hay todavía garantías de estabilidad en las políticas de atención a los refugiados.

¿Cuales son los aprendizajes institucionales y personales de estos últimos 4 años al frente de la oficina de ACNUR en México?

Han sido años muy intensos. Los aprendizajes son muchos y las reflexiones a final de mandato son muchas. 

La que más resalta es que he visto en México el potencial de brindar una protección eficaz a las personas refugiadas. Lo he visto desde el principio de mi estancia y sentí esa urgencia de aprovechar mi tiempo aquí para ver cuánto podía contribuir a que esto fuera una realidad.

Decenas de miles de personas han encontrado aquí una segunda oportunidad, y no solamente para sobrevivir, sino también para crecer y realmente avanzar en su proyecto de vida. 

Al final eso es el objetivo de ACNUR: favorecer condiciones donde las personas gocen de protección, jurídica y en términos de acceso a derechos y acceso a servicios. Y eso lo vi, lo viví, lo sentí, independientemente de todas las complejidades que han habido. 

Es importante que México no sea un caso aislado. Lastimosamente, la turbulencia de estos últimos tiempos no necesariamente nos hace tener mucha seguridad en este sentido.

A nivel nacional hay desafíos. Todavía no hay una garantía de estabilidad de largo plazo de las políticas. No tanto el marco legislativo, que está bastante desarrollado, sino sobre todo presupuestos, y enmarcar las políticas de inclusión, de aceptación de las personas extranjeras, en los planes de desarrollo que rigen el trabajo de las instituciones competentes. 

No puede ser algo episódico, algo que cambia el titular o cambia de orientación política y entonces todo cambia otra vez.

Algo positivo es que el Gobierno de México aprobó un incremento de presupuesto para la Comisión de Ayuda para Refugiados (Coma), la primera vez desde que estoy en México. ¿Es suficiente? No, no es suficiente, pero es significativo que haya habido un aumento. 

Una cosa que me preocupa es que desde ya dos años los solicitantes de asilo no tienen acceso a un documento que les permita una estadía regular en México, las visas humanitarias o tarjetas de visitantes por razones humanitarias. Me preocupa porque implica que las personas, durante su proceso de asilo, no pueden gozar de muchos derechos. 

Hemos estado trabajando con el Instituto Nacional de Migración, con la Secretaría de Gobernación, con la Cancillería para ver cómo reactivar el acceso a estos documentos. 

¿Qué haría falta para fortalecer a la Comar?

Hay tres elementos que tienen que jugar de manera coordinada. El primero una situación presupuestal suficiente para una Comar que no tiene nada que ver con la de hace 10 años, que recibía 1,000, 2,000 solicitudes de asilo por año y ha recibido 600,000 en los últimos 5 años, y requiere ahora de una plantilla, de oficinas, de capacidad que le permita responder al desafío de números muy altos, de muchas nacionalidades.

La Comar este año va a recibir más o menos la misma cantidad de solicitudes del año pasado, cuando en el mundo se dice, o por lo menos en esta región, que la movilidad humana prácticamente ya ha parado. Y no es cierto, los refugiados siguen buscando protección, hay personas que siguen llegando a México buscando protección en número muy importante. México va a estar de nuevo entre los primeros 10 países del mundo con más solicitudes de asilo.

El segundo es la parte más cualitativa de los procedimientos de la Comar, cómo hace las entrevistas, los tiempos. 

Y el tercero es que no es la Comar aislada, no es el Instituto de Migración aislado, no es la ACNUR aislada, no es la sociedad civil con los albergues aislados, sino un sistema que funciona de manera coordinada, que se comunica, que tiene también toda la parte informática.

Es una política pública de asilo a nivel federal y a nivel estatal, donde cada actor sepa lo que tiene que hacer. 

¿Qué esperar en materia de flujos de solicitantes de asilo en México?

Es muy difícil hacer previsiones, porque hay muchas variables que pueden cambiar rápidamente. 

Lo que sí hemos visto es que hay algunas nacionalidades que están, en términos numéricos, prevaleciendo, como la cubana y la venezolana. La haitiana sigue siendo otra nacionalidad de incidencia importante y la hondureña sigue también estando entre las primeras. Y hay también otras nacionalidades que han empezado a despuntar, como la ecuatoriana.

Hay situaciones complejas, como la de Venezuela, de las que estamos muy atentos. Colombia también es otro país donde tenemos que mantener un ojo muy atento. Cuando miramos a la región, siguen habiendo áreas de preocupación y países que han demostrado un cierto nivel de apertura o de recepción que pueden estar cambiando su óptica o su posición.

Las declaraciones del presidente electo de Chile son bastante duras. ¿Cuánto contagio pueden tener este tipo de discurso? No sabemos. 

Creo que México tiene que fortalecer las alianzas con quienes mantienen un espíritu más de protección y más de reconocer que los refugiados son seres humanos que necesitan un apoyo para reconstruir sus vidas. Y creo que México en este sentido ha sido coherente en estos años.

¿Qué haría falta para consolidar el modelo de integración local en México que ha impulsado ACNUR en los últimos años?

Se requiere un involucramiento más sustantivo y más determinado del Estado.

Ahora estamos justo discutiendo en estos días con la Comar cómo poder asegurar que no solamente este focalizado su trabajo en la parte de reconocimiento de la condición de refugiado, sino también en la parte de integración. 

Hay esta estrategia que hemos desarrollado junto con varias instituciones de los centros multiservicios donde las personas puedan recibir realmente atención integral y que les permita realmente tener un mapeo de sus opciones, de sus posibilidades, y que haya una muy buena coordinación y una muy buena vinculación con las autoridades estatales. Al final ¿quién termina teniendo la responsabilidad final? Es la autoridad territorial, que son las gobernadores y los alcaldes. 

Hacen falta también algunos ajustes. Hay el ajuste a la ley del trabajo sobre el límite de 10 por ciento de extranjeros, el acceso a cuentas bancarias.

Uno de los grandes elementos en México ha sido que las empresas necesitan trabajadores, calificados o no calificados. A mí no me había pasado llegar a un país donde hay más oferta de trabajo que trabajadores listos para trabajar.

¿Quién lo sustituirá y cuál será su próxima encomienda

La persona que viene ha sido nombrada por el Alto Comisionado (de ACNUR) y tiene que pasar por el beneplácito del Gobierno de México.

Es una persona de nacionalidad italiana. Crecimos juntos en el ACNUR, empezamos el mismo día, el mismo mes, el mismo año los dos como funcionarios prestados por el gobierno italiano a Naciones Unidas.

Es una persona que tiene mucha experiencia y que va a tener mucha sensibilidad frente a la realidad de México.

Yo salgo mañana para Colombia y tomo posición como representante de ACNUR en Colombia el 5 de enero. Voy a empezar una nueva aventura en un país que de alguna manera tiene varias similitudes. Espero que las enseñanzas de estos años las pueda llevar a Colombia.

México me ha dado muchísimo y me un sentimiento de mucho agradecimiento. 

Cierro los ojos saliendo de México y pienso a las familias refugiadas que encontré aquí y que gracias al apoyo que le hemos dado como sistema han reconstruido su vida, están en su casa, con los hijos escolarizados y los papás trabajando, tienen una sonrisa empezando su futuro.

 
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