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HOMILÍA: La familia en armonía

Lo que más anhelamos, es tener una familia que viva en armonía.

 

Y, para que esto suceda, hay que responder a la misión, que a cada uno se nos  encomendó.

 

Cada miembro de la familia, tiene sus propios carismas. Y eso, es el ingrediente que  se añade a la dinámica familiar.

 

Las familias felices, son aquellas que viven en armonía. Porque aceptan, y reconocen las cualidades que tiene cada uno.

 

En familia, cada quien tiene una tarea que desempeñar, esa misma, que le fue asignada por Dios.

 

Esa misión, tiene como fin, el tener una familia solidaria y fuerte.

 

Porque Dios, creó al mundo con sabiduría, armonía y equilibrio.

 

Por eso, es que somos tan distintos. Aunque, la diferencia no es obstáculo, más bien complemento.

 

Ya que, en la variedad está la armonía.

 

Y, un modelo para nuestra familia, lo encontramos en la Sagrada Familia.

 

Jesús fue engendrado sin necesidad de un padre; pero, sin ser hijo de padre ausente. Porque, se necesitaba un papá, para crecer en equilibrio.

 

Y esa, fue la tarea que se le encomendó a José.

 

Así, es como Jesús creció, y se desarrolló en el seno de una familia; donde se vivió en equilibrio y armonía.

 

María, con una ternura maternal, y José, cuidando y protegiendo al niño.

 

Así  lo narra el Evangelio: “ José se levantó y esa misma noche tomó al niño y a su madre y partió para Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes”.(Mt. 2).

 

José, como buen papá, ocupado en proteger a su familia; la misma, que Dios puso bajo sus cuidados.

 

Por tanto, es bueno que siguiendo el ejemplo de la Sagrada Familia, vivamos la vida con amor y respeto. Es así, como San Pablo, lo recomienda: “…maridos amen a sus esposas y no sean rudos con ellas”. ( Col.3).

 

Pidamos: que nunca falte el amor y el respeto en las familias. Porque solo así, tendremos familias felices, que vivan en armonía.

 

Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.

 

 

 

Evangelio

Del santo Evangelio según san Mateo: 2, 13-15. 19-23

Después de que los magos partieron de Belén, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allá hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”.

 

José se levantó y esa misma noche tomó al niño y a su madre y partió para Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.

 

Después de muerto Herodes, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre y regresa a la tierra de Israel, porque ya murieron los que intentaban quitarle la vida al niño”.

 

Se levantó José, tomó al niño y a su madre y regresó a tierra de Israel. Pero, habiendo oído decir que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre, Herodes, tuvo miedo de ir allá, y advertido en sueños, se retiró a Galilea y se fue a vivir en una población llamada Nazaret. Así se cumplió lo que habían dicho los profetas: Se le llamará nazareno.

 

Palabra del Señor.

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