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Pirotecnia en Año Nuevo: celebración o sufrimiento

Cuando el Año Nuevo no es fiesta: el ruido que deja fuera a miles y la deuda pendiente con la pirotecnia

San Luis Potosí, SLP.- El 31 de diciembre se acerca y, como cada año, la escena se repite, el reloj marca las 12 de la noche y el cielo se ilumina entre estruendos, cohetes y explosiones que se prolongan hasta la madrugada. Para muchos, es sinónimo de celebración; para otros, el inicio de horas —e incluso días— de miedo, angustia y sufrimiento.
 
Mientras algunos festejan la llegada del Año Nuevo con pirotecnia, hay sectores de la población que pagan el costo invisible del ruido, niñas y niños con trastorno del espectro autista, personas con hipersensibilidad auditiva, adultos mayores, personas con trastornos de ansiedad o estrés postraumático, pacientes con enfermedades neurológicas y animales domésticos que entran en pánico ante los estallidos.
 
La sobrecarga sensorial que provoca la pirotecnia puede desencadenar crisis intensas en niñas y niños con autismo, advirtió Isis Libertad Lara, integrante de la asociación Comunidad Autista Libertad Cerebral A.C. Explicó que las personas dentro del espectro perciben los sonidos de forma amplificada, por lo que los estallidos no solo generan miedo, sino dolor físico, desregulación emocional y episodios prolongados de ansiedad.
 
“No es solo una noche, son días enteros de angustia”, subrayó la activista, al señalar que durante el cierre de año el uso de cohetes se extiende por varios días, obligando a muchas familias a permanecer encerradas sin espacios seguros para resguardarse.
 
Las consecuencias no terminan ahí. Las alteraciones del sueño, la irritabilidad y los retrocesos en el desarrollo conductual son algunos de los efectos que permanecen incluso después de que el ruido cesa. A ello se suma el impacto en animales domésticos y de calle, que huyen, se lastiman o mueren a causa del estrés provocado por la pirotecnia.
 
Pese a los llamados de organizaciones civiles y especialistas, este 2025 cerrará sin una regulación estatal que limite de manera efectiva la venta y el uso de pirotecnia. Sin embargo, el tema vuelve a colocarse en la agenda pública con la promesa de que el próximo año podría marcar un cambio.
 
El coordinador estatal de Protección Civil, Mauricio Ordaz Flores, lamentó que no se haya legislado este año en la materia, pero adelantó que durante 2026 se presentará una propuesta de ley para prohibir la venta total de pirotecnia en los municipios de San Luis Potosí.
 
Reconoció que esta iniciativa ha sido postergada al menos durante los últimos tres años, a pesar de los compromisos anunciados previamente. No obstante, insistió en que el uso de cohetes representa un riesgo real y constante para la población.
 
“El uso de pirotecnia provoca accidentes fatales, como amputaciones de dedos o manos, principalmente en menores de edad, pero también en adultos”, advirtió.
 
Ordaz Flores señaló que existen ejemplos claros de que la prohibición es posible y benéfica, como ocurre en Soledad de Graciano Sánchez, municipio donde está vetada la venta de pirotecnia.
 
“Debemos hacer algo como lo tiene Soledad, que tiene la prohibición de venta de pirotecnia. Sí podemos hacer un estudio, porque sería algo muy loable y muy benéfico”, aseguró, al tiempo que reconoció que, aunque cada año se refuerzan las medidas de regulación, estas siguen siendo insuficientes.
 
Además del daño social y emocional, la pirotecnia incrementa de manera considerable los incendios y los accidentes por quemaduras durante la temporada decembrina, saturando los servicios de emergencia y poniendo en riesgo viviendas, áreas naturales y la integridad física de las personas.
 
Ante este panorama, organizaciones civiles reiteraron el llamado tanto a autoridades como a la ciudadanía para replantear la forma de celebrar. Más allá del ruido, sostienen, está el derecho al bienestar, a la seguridad y a una convivencia incluyente.
 
La apuesta, aseguran, no es acabar con la fiesta, sino transformar los festejos en espacios responsables, donde celebrar no signifique dañar. De cara a 2026, el reto será que la promesa de una regulación más estricta deje de ser un anuncio recurrente y se convierta, finalmente, en una realidad.
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