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Papás los separan; la comedia los une

 
Como hijos de padres divorciados, a Germán Ortega, siendo el menor de la familia, le tocó vivir con su mamá, y a su hermano Freddy Ortega, con su papá.
 
Y aunque de pequeños convivieron poco, por circunstancias ajenas a ellos, los hermanos Ortega prefieren recordar hoy los buenos momentos de su niñez, como cuando pasaban la Navidad en casa de sus abuelos maternos y era una delicia convivir con sus tíos.
 
A decir por Freddy, el más consentido siempre fue Germán, porque recibía regalos de los tíos; él en cambio sólo tiene presente cuando le dieron una caja de galletas.
 
"¡Ay, no te hagas güey!", interrumpe Germán a Freddy, "te llegó una pijama y dentro traía dinero. Ya después supimos que el regalo te lo dio nuestro hermano Raúl". Freddy lo refuta sorprendido: "Yo ni me acuerdo de eso".
 
No es que se esté quejando de no haber recibidos regalos de niño, dice el comediante, quien junto con su hermano formaron la exitosa dupla cómica de Los Mascabrothers.
"A mí me traían (de regalo) ropa interior", agrega Freddy.
 
"Es que él era más grande", interviene Germán, famoso por sus personajes de Perejila e Igor, "yo tenía 10 o 12 años y Freddy 16. Él me lleva 4 años de edad".
 
"No es cierto", objeta el actor, reconocido como La Jitomata y Frank, "a mí me regalaron una caja de galletitas que traía un indito jalando una carreta. Cuando a mí me traían eso de regalo, yo tenía 8 años".
 
"Y no importa porque en ese tiempo yo vivía con mi abuela paterna y ahí era un matriarcado. Germán vivía aparte. Realmente mi hermano y yo vivimos poco juntos".
 
Por decisión de sus padres, los hermanos Germán y Freddy crecieron en casa de sus abuelos paternos y Germán se fue con su mamá a Veracruz a los cinco años.
 
"Mis hermanos nos alcanzaron en Veracruz a cursar el quinto y parte de sexto año de primaria. Después nos volvimos a separar", recordó el actor.
Ahora que son adultos, Freddy, de 61 años, y Germán, de 57, no le reprochan nada a sus padres, y aunque el divorcio de ellos los separó, el amor a la comedia los unió.
"Nosotros aprendimos de las diferencias familiares. La verdad es que somos muy resilientes, de cada cosa fuimos agarrando lo bueno", apunta Freddy.
"Por algo suceden las cosas. Nacimos para vivir esta experiencia terrenal e incluye todo lo que nos ha pasado", opina Germán.
 
El mejor regalo para Freddy, no fue algo material, sino llegar a casa de sus abuelos y reunirse con la familia de su madre. Incluso, asegura que le daba lo mismo recibir o no un presente.
"Somos una familia muy grande. Después de cenar cada quien por su lado, los tíos llegaban a casa de los abuelos entrada la madrugada. Mi abuelita era como de cuento, nos hacía sentir bien a todos. El abuelo era muy religioso", comparte.
 
A la hora de las letanías para pedir posada, todo era risas entre los primos y los tíos.
 
El mejor contador de chistes y experto en bromas fue el tío Jorge, mientras que el tío Miguel solía cambiarle la letra a las canciones de Navidad, recuerdan.
 
"Mi abuelo se la pasaba haciendo corajes porque él cantaba en serio", señala Freddy, "mis tíos eran muy simpáticos, yo creo que de ahí tenemos la vena cómica mi hermano Germán y yo. Mi tío Miguel era como el Polivoz, de todo hacía un chiste".
 
Esas Navidades con la familia materna no se repetirán porque algunos tíos ya no están y los primos han crecido, cada uno lo celebra por su lado, pero ahí están los recuerdos, esos que perduran en el corazón y regocijan el alma cuando se piensa en ellos.
 
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