'Bulevar de Ideas'
LAS CIUDADES SIEMPRE HAN hablado, pero ya no lo hacen solo con palabras, sino con paredes. Antes, la historia urbana la redactaba el cronista en su columna periodística y el alcalde en sus informes.
HOY, EL RELATO LO CONSTRUYEN TRES personajes que rara vez coinciden en un mismo lugar: el grafitero, el muralista de festivales y el influencer. Cada uno, a su modo, deja su huella visual en el espacio público, compitiendo por la atención, la emoción o el like.
EL GRAFITI ES LA VOZ REBELDE, EL trazo irreverente que aparece donde no se espera y no se debe. No tiene autorización, no paga derechos, no atiende reglas. Brota en muros descascarados, puentes sin mantenimiento y rincones olvidados.
ES PROTESTA, ES FURIA, ES BURLA, es el espíritu urbano inconforme gritando que existe y que no está dispuesto a desaparecer en silencio. Es también, a veces, un gesto íntimo y precario, como en el caso del enamorado que declara, el vecino que insulta, el joven que firma su existencia.
EN EL CASO DEL MURAL, EL MISMO gobierno que antes borraba con gris lo que consideraba vandalismo, ahora convoca festivales de arte urbano. Los muros se limpian, se imprimen catálogos, se gestionan patrocinios. El grafiti contestatario se transforma en mural cuidado, con paleta de color armónica, mensaje positivo y diseño pensado para atraer turistas y fotógrafos.
LAS PAREDES YA NO SON GRITOS, son postales. La pregunta ya no es “¿qué quieres decir?”, sino “¿cómo se va a ver en Instagram?”
Y AQUÍ HACE SU ENTRADA triunfal el tercer narrador, el influencer urbano. Él no pinta, no escribe, pero interpreta el espacio con la cámara en mano. Una pared no es una pared, es un fondo potencial para un TikTok, una historia o un reel.
SU TALENTO NO ES LA CREACIÓN como tal, sino la selección: el ángulo correcto, la música adecuada, el filtro ideal. No vive la ciudad, la edita.
ENTRE ESTOS TRES ACTORES SE teje un relato urbano fragmentado y contradictorio. Uno lanza un grito, otro lo convierte en decoración, el tercero lo empaqueta en contenido.
UNO DENUNCIA, OTRO EMBELLECE, el tercero monetiza. Pero todos, sin saberlo, comparten el impulso de dejar una marca, una huella personal en una ciudad que absorbe, difumina, extravía las individualidades.
MIENTRAS TANTO, EL CIUDADANO común camina entre estos relatos sin advertir del todo su presencia. Tal vez se queje del grafiti, pero se toma una selfie en el mural. Reprueba el “vandalismo”, pero baila frente a una pared que proviene del mismo deseo: ser visto, ser recordado, existir.
Y QUIZÁS AHÍ ESTÁ LA CLAVE: LA ciudad, en medio de esta tormenta visual, sigue intentando decir lo de siempre, lanzar las señales de humo que marquen su posición, la bengala que ilumine su aquí y ahora.
SOMOS TODOS DICIENDO QUE estamos aquí, todos, apretados, contradictorios, pintando y repintando nuestras versiones de lo real, buscando que alguien, aunque sea por un instante, nos mire.
Y ¿POR QUÉ NO? NOS MARQUE un “like”.
@jchessal