La violencia en Michoacán es la prueba más grande de política y seguridad para la Presidenta Claudia Sheinbaum, tras el asesinato del líder de los productores de limón, Bernardo Bravo, y del Alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, ejecutado a plena luz del día durante las festividades del Día de Muertos, señaló la politóloga Denise Dresser en la revista Americas Quaterly.
No obstante, la columna también señala es una ventana de oportunidad para la Mandataria mexicana con el Plan Michoacán, "pero debe dotarlo de credibilidad".
Dresser afirma que Michoacán es donde el mapa del fracaso se cruza con un posible mapa de reforma.
"La pregunta es si Sheinbaum lo tratará como otra crisis que contener o como el momento para redefinir el paradigma de seguridad y gobernanza del país. La hora es tarde, y el clamor es fuerte: justicia, rendición de cuentas, cambio. Menos abrazos, más acción", indicó la también columnista de Reforma.
"Esto implica una reforma institucional real, presupuestos transparentes, fuerzas policiales civiles fortalecidas, protección para los líderes locales, desmantelamiento de las redes de extorsión agrícola y rendición de cuentas frente a la colusión".
El desafío, advierte, no será solo militar: Sheinbaum debe romper las redes de colusión que permiten a los cárteles actuar como poderes locales. Sin esa ruptura institucional, su administración replicará las fallas del pasado.
"Michoacán debe ser una llamada de atención: la crisis no es solo local, es nacional; las apuestas no son solo de seguridad, sino de estabilidad y legitimidad del Estado mexicano",añadió.
En paralelo, la crisis ocurre mientras Washington presiona por resultados. El Presidente Donald Trump ha endurecido su retórica contra el narcotráfico en América Latina, y un deterioro en Michoacán podría abrir la puerta a mayor intervención estadounidense.