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HOMILÍA: Hay que hablar con el que puede, y sabe

HOMILÍA

Dialogar, es lo más indispensable. Y no podemos subsistir, sin vivir dialogando.
 
Dios nos hizo para estar en comunión, y comunicación constante.
 
Pero es bueno saber: qué es lo que estamos comunicando, y a quién se lo estamos transmitiendo.
 
Hay que ser conscientes: de lo que hablamos, y   a quién se lo decimos.
 
Porque, el remedio a nuestros males, no está en cualquier parte.
 
Y, si no encontramos la respuesta en este mundo, hay que alzar las manos hacia el cielo, para encontrar en Dios, una salida.
 
La liberación plena, está más allá de este mundo.
 
Solo volviendo a Dios, será posible librar la batalla.
 
Algo similar, sucedió con el pueblo de Israel, éste, se vio en la necesidad de combatir contra los amalecitas.
 
Dice la Escritura: “…y sucedió que, cuando Moisés tenía las manos en alto, dominaba Israel, pero cuando las bajaba, Amalec dominaba”. (Ex.17).
 
Ya lo dijo el Señor: “Sin mí, nada pueden hacer”. (Jn.15,5).
 
Al conectar con Dios, nos llenamos de una fuerza que trasforma, y nos impulsa a poder, con lo que no podemos por nosotros mismo.
 
Por eso, el Señor insiste en la necesidad de orar, así dice el Evangelio: “En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola..”. (Lc.18)
 
Orar, es para siempre. Porque necesitamos vivir vinculados con el Creador.
 
Si desconectamos con el Señor, nos sentiremos débiles y confundidos.
 
No olvidemos, que toda petición, que hagamos al Padre, nunca quedará sin respuesta.
 
Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.
 
 
Evangelio (Lc 18, 1-8)
Del santo Evangelio según san Lucas
 
En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola:
 
“En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle: ‘Hazme justicia contra mi adversario’.
 
Por mucho tiempo, el juez no le hizo caso, pero después se dijo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, sin embargo, por la insistencia de esta viuda, voy a hacerle justicia para que no me siga molestando’”.
 
Dicho esto, Jesús comentó: “Si así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, y que los hará esperar? Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen que encontrará fe sobre la tierra?”.
 
Palabra del Señor.
A. Gloria a ti, Señor Jesús.
 
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