San Luis Potosí, SLP.- A simple vista, esas franjas blancas en el pavimento, las guarniciones pintadas de verde, los pasos peatonales recién marcados junto a universidades o nuevas señales viales parecen un avance visible en la infraestructura de movilidad. Pero en esta ciudad, la mejora en la calle choca con un déficit de base, muchos conductores no conocen las reglas del tránsito, ni qué significado tienen esos señalamientos, y eso pasa factura.
Entre 2020 y 2024, San Luis Potosí registró 31,414 siniestros viales; esto equivale a un crecimiento de cerca del 41.8% respecto a los incidentes reportados al inicio de ese periodo.
Dentro de esos siniestros, los que involucran peatones también han experimentado un repunte preocupante. Por ejemplo, en 2023 se reportaron 162 siniestros con peatón, mientras que los choques entre vehículos particulares representaron la mayoría de los incidentes (4,037) dentro del total de 6,775 siniestros en ese año.
Estos números van acompañados de historias que se repiten, ciclistas arrollados al rebasar sin respeto al carril, peatones cruzando donde confían que tienen preferencia, conductores confundidos por señales poco claras o ignoradas.
Una de las causas más señaladas por ciudadanos, colectivos y especialistas es que el trámite para obtener licencia de conducir se ha simplificado hasta el punto de prescindir del examen práctico. En San Luis Potosí.
Desde marzo, el solicitante de licencia por primera vez puede firmar una carta compromiso en lugar de presentar la prueba de manejo. Esa carta acredita que la persona afirma tener las habilidades necesarias, aunque no demuestre que las tiene.
Quienes optan por no firmar la carta compromiso aún pueden realizar voluntariamente el examen de manejo, y tendrá la misma validez que la carta.
Este mecanismo choca con lo que exige la Ley General de Movilidad y Seguridad Vial, la cual obliga a que para obtener o renovar una licencia, se acredite un examen de valoración integral que incluya conocimientos teóricos, prácticos, aptitud física, etc.
En barrios, en redes sociales, en colegios universitarios, ciudadanos potosinos coinciden en lo mismo, infraestructura + señalética = buena intención. Pero sin educación vial, sin prueba práctica, sin examen teórico, la baliza, el paso peatonal o la reducción de carriles no bastan.
“De nada sirve tanto pintar, si no sabes qué significa la raya blanca, o qué ley respalda que el peatón tiene preferencia,” dice una estudiante de la UASLP que pidió anonimato.
“He visto autos que doblan sin voltear, que ignoran semáforos peatonales, ¿cómo los multan si ni siquiera saben por qué están ahí?”, comenta un ciclista que recorre la Alameda.
Organizaciones civiles piden que el Estado regrese al requisito del examen práctico obligatorio, reforzar el examen teórico donde esté perfectamente cubierto el reglamento de tránsito y la señalética, y que haya campañas pedagógicas de educación vial intensiva.
Sí, los últimos días muestran que el Ayuntamiento capitalino ha balizado nuevas zonas, hecho pasos peatonales en puntos estratégicos, reducido carriles en algunas salidas de la ciudad, y mejoras en áreas como la Alameda Central Juan Sarabia. Ejemplos concretos que pueden prevenir tragedias como la ocurrida hace unas semanas en la glorieta de Morales.
Pero sin respaldo legal ni comprensión del reglamento, esos cambios pueden ser cosméticos.
La Ley General de Movilidad y Seguridad Vial de México obliga, examen teórico, examen práctico, valoración física/psicológica para todas las licencias, nuevas o renovadas.
En SLP, ciudadanos demandan que se reimplante el examen de manejo como requisito no opcional, que se incluya normativa vial y señalética en los exámenes, que haya sanciones efectivas cuando se incumpla señalización, y campañas públicas y escolares de educación vial.
Cada ciclista, peatón, conductor atraviesa la ciudad con la esperanza de que esas rayitas signifiquen algo más que decoración. Que alguien las entienda. Que alguien las respete. Pero el riesgo está latente, sin educación, sin examen, sin entendimiento, lo que se gana en infraestructura puede perderse en tragedia. Porque un golpe no sólo deja daños materiales, deja vidas, deja heridas, deja familias que ya no volverán a ver ese rostro.