San Luis Potosí, SLP.- En la Huasteca potosina y parte de la Zona Media, una modalidad de extorsión ha encontrado terreno fértil, los secuestros virtuales. No se trata de un rapto real, sino de un engaño telefónico que juega con el miedo y la incertidumbre de las familias.
Cada semana, entre dos y tres hogares son sorprendidos por voces que, desde la línea telefónica, imitan el pánico de un supuesto secuestrado y exigen un rescate inmediato. La trampa es simple, el delincuente convence a la víctima de aislarse y cortar contacto con sus seres queridos, mientras presiona a la familia para entregar dinero a cambio de su liberación.
El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Jesús Juárez Hernández, advierte que, aunque no es un fenómeno masivo, el impacto psicológico y económico lo vuelve un problema real: “No es un tema desbordado, pero sí nos toca atenderlo. Generalmente, con solo cortar la comunicación se elimina el riesgo”, señaló.
Detrás de estas llamadas, las investigaciones apuntan a centros penitenciarios de otros estados, desde donde grupos especializados mantienen una industria criminal que opera sin necesidad de salir a la calle. El teléfono se ha convertido en su arma.
Frente a esta amenaza, la recomendación de las autoridades es clara, desconfiar, no compartir información personal y denunciar de inmediato. La prevención ciudadana, más que la persecución policial, parece ser la verdadera muralla contra este delito.
El riesgo no discrimina, jóvenes, adultos mayores, comerciantes o estudiantes pueden caer en la trampa. La vulnerabilidad radica en la rapidez con la que el miedo nubla la razón.
El desafío, entonces, va más allá de reforzar la seguridad, se trata de construir una cultura de desconfianza informada, en la que el simple acto de colgar una llamada pueda significar la diferencia entre la calma y el terror imaginado.