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Hospitales en SLP rebasados y sin capacidad de respuesta

La entidad vive una emergencia silenciosa que amenaza con convertirse en un colapso sanitario

San Luis Potosí, SLP.- San Luis Potosí vive una emergencia silenciosa que amenaza con convertirse en un colapso sanitario. Mientras los discursos oficiales hablan de prevención y hábitos saludables en el marco del Día Mundial del Corazón, la realidad en los hospitales del estado pinta un panorama alarmante, cada semana, cientos de potosinos son diagnosticados con hipertensión, enfermedades cerebrovasculares o isquémicas, pero el sistema de salud local no tiene ni los medicamentos, ni los especialistas, ni las condiciones mínimas para responder a la magnitud del problema.
 
De acuerdo con la Secretaría de Salud federal, hasta la semana 34 de este año San Luis Potosí ha acumulado más de 35 mil casos de hipertensión, casi 1,500 de enfermedad cerebrovascular y más de 2,100 de padecimientos isquémicos del corazón. Eatas cifras ubican al estado entre los más golpeados por las enfermedades cardiovasculares en México. Pero el dato más grave no está en las estadísticas, sino en la falta de capacidad de los hospitales para atender la demanda.
 
En el Hospital Central “Dr. Ignacio Morones Prieto”, por ejemplo, los pacientes relatan que conseguir una cita con un cardiólogo puede tomar meses, mientras que los medicamentos básicos para controlar la presión arterial no siempre están disponibles en farmacia. En clínicas periféricas y rurales, la situación es aún más precaria, sin especialistas, sin insumos y con instalaciones deterioradas, miles de potosinos enfrentan el riesgo de que un diagnóstico llegue tarde o de que un tratamiento se interrumpa por falta de recursos.
 
La crisis se agrava por la sobrecarga hospitalaria. En salas de urgencias saturadas, un infarto o un derrame cerebral no siempre recibe la atención inmediata que marca la diferencia entre la vida y la muerte. El resultado,  familias que deben endeudarse en hospitales privados, peregrinar entre farmacias para encontrar los medicamentos faltantes o, en el peor de los casos, resignarse a la pérdida de un ser querido por causas prevenibles.
 
San Luis Potosí no enfrenta solo una epidemia de enfermedades cardiovasculares, enfrenta la fragilidad de un sistema de salud que nunca se preparó para atenderla. Cada número en los reportes epidemiológicos es un potosino que quizá no encuentre una cama, un especialista o un medicamento cuando más lo necesite.
 
La pregunta obligada es,  ¿de qué sirve promover hábitos saludables si, al momento de la enfermedad, el sistema abandona al paciente? El corazón de San Luis Potosí late con fuerza, pero late en riesgo. Y mientras las autoridades insisten en estadísticas y campañas de papel, lo que está en juego es mucho más que números, es la confianza de una sociedad que exige un sistema de salud digno, limpio y con capacidad real para cuidar la vida.
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