Para evitar la decepción, hay que saberse ubicar. Es mucho lo que esperamos de alguien, sin saber, que el otro no puede darnos, aquello que estamos pidiendo.
Pero, también es mucho lo que pretendemos hacer, cuando no está en nuestras posibilidades, porque no nos conocemos a nosotros mismos.
Si estuviéramos ubicados, y fuéramos conscientes de lo que somos, no tendría que dolernos, que alguien venga y nos ubique.
Pero, es importante la virtud de la humildad, porque está, nos ayuda a estar en la verdad y no en la pretensión.
Dice la Escritura: “ Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te amarán más que al hombre dadivoso”. (Sir.3).
No hay que sobrevalorarse, tampoco subestimarse; solo aceptar nuestro propio valor.
Hay que evitar la comparación, porque cada quien es lo que es, y como es.
Decía un poema: “Si te comparas con los demás te volverás vano y amargado, porque siempre habrá personas más grandes o pequeñas que tú”. (Desiderata, Marx Hermann)
Cada persona es única, original, y no requiere comparación.
Hoy, dice el Evangelio: “Cuando te inviten a un banquete de bodas, no te sientes en el lugar principal, no sea que haya algún otro invitado más importante que tú, y el que los invitó a los dos venga a decirte: Deja el lugar a éste, y tengas que ir a ocupar, lleno de vergüenza, el último asiento”. (Lic.14).
Que importante, es aprender a ocupar nuestro sitio; sin negar el valor de nuestra vida.
No esperemos, a que la vida se encargue de ubicarnos con dolor.
Si estamos en nuestro sitio, es posible que vivamos en paz.
Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.No
Evangelio del día
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 14, 1. 7-14
En sábado, Jesús entró en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando.
Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola:
«Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga: “Cédele el puesto a este”. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.
Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga:
“Amigo, sube más arriba”. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.
Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido».
Y dijo al que lo había invitado:
«Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado.
Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos».