La megaciudad de Nueva Delhi, con más de 30 millones de habitantes, se encuentra este viernes en estado de alerta por la crecida del río Yamuna, la principal arteria fluvial y un río sagrado que atraviesa la capital, convertido en un torrente lodoso que amenaza con anegar extensas zonas.
Miles de personas ya han sido evacuadas, mientras una alerta roja por lluvias "extremadamente fuertes" se cierne sobre las ciudades de Noida y Ghaziabad, dos enormes centros industriales y residenciales que forman el cinturón metropolitano al este de la capital.
Las llanuras de inundación del Yamuna albergan numerosos asentamientos informales. Con un nivel registrado en la noche del jueves de 205,39, supera la marca oficial de peligro de 205,33 y las comunidades de bajos recursos han sido las primeras en ser desplazadas.
La crisis tiene un doble origen: por un lado las lluvias torrenciales del monzón, que han golpeado con fuerza las llanuras del norte de la India, y por otro la masiva liberación de agua desde las presas estratégicas de Hathnikund y Wazirabad, situadas aguas arriba de Delhi.
Las presas están al límite de su capacidad porque recogen las lluvias torrenciales caídas en los estados himalayos de Haryana y Uttarakhand. El agua que cae en la cordillera desciende por los ríos y obliga a los operadores de las presas a liberar caudal para evitar un colapso, lo que a su vez inunda la capital.
Las autoridades han establecido campamentos de emergencia en áreas residenciales del este de Delhi cercano a la ribera del río, para acoger a las familias evacuadas.
El Departamento de Meteorología indio mantiene activas alertas por lluvias intensas en los estados de Uttar Pradesh, Punjab e Himachal Pradesh y ha pronosticado que el mal tiempo continuará al menos hasta el 1 de septiembre.
Expertos y organizaciones civiles señalan que la severidad de estas inundaciones anuales se ve magnificada por el cambio climático y una planificación urbana deficiente que ha permitido la construcción descontrolada sobre los terrenos que el río Yamuna reclama de forma natural cada monzón.