San Luis Potosí, SLP.- San Luis Potosí atraviesa un intenso debate social tras el anuncio del concierto de Marilyn Manson en la edición 2025 de la Feria Nacional Potosina (Fenapo). Lo que para algunos es una apuesta cultural arriesgada, para otros representa una amenaza directa al carácter familiar del evento.
Desde organizaciones civiles hasta voces eclesiásticas, se han alzado cuestionamientos. La Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF), encabezada por Israel Sánchez, expresó públicamente su rechazo, argumentando que la presentación del artista estadounidense no es compatible con el ambiente de una feria abierta a todas las edades. “Su perfil artístico no corresponde a un evento de libre acceso, donde acuden niños y familias completas. Hay que tener sentido común”, sostuvo el dirigente.
La organización ha iniciado una recolección de firmas digitales y planea entregar una carta formal al gobernador del estado para solicitar la cancelación del espectáculo. Aunque muchos podrían pensar que se trata de una postura conservadora basada en la estética provocadora de Manson, la UNPF insiste en que su preocupación radica en temas de seguridad, consumo de sustancias y descontrol en eventos masivos, no en su imagen o ideología.
Pero la controversia no termina ahí. La Arquidiócesis de San Luis Potosí también se ha pronunciado, sumándose a las voces críticas. El propio arzobispo rechazó la presentación del cantante, apelando a la protección del tejido social y a los valores espirituales que —asegura— se ven confrontados con la figura del artista. Incluso algunos fieles católicos han iniciado ayunos como forma de manifestación espiritual, argumentando que el espectáculo contradice sus principios religiosos.
En contraste, el gobernador Ricardo Gallardo Cardona ha defendido la programación del evento bajo el argumento de que San Luis Potosí es un estado laico y diverso, y que el gobierno no puede —ni debe— imponer restricciones basadas en creencias religiosas. “La feria es para todos. Cada quien decide a qué asistir”, declaró.
Esta tensión ha puesto sobre la mesa un dilema recurrente en sociedades democráticas: ¿cómo equilibrar la libertad artística con los valores comunitarios? ¿Debe un gobierno ceder ante grupos de presión o garantizar el derecho a la diversidad cultural, incluso si resulta incómoda para ciertos sectores?
El caso de Marilyn Manson en la Fenapo no es simplemente sobre un concierto, sino sobre las fracturas culturales, ideológicas y religiosas que aún permean la vida pública en México. Mientras unos ven en el artista una amenaza a la moral, otros lo ven como una oportunidad de ampliar el espectro cultural. Lo cierto es que este episodio revela una sociedad que sigue debatiéndose entre la tradición y la modernidad, entre lo que debe protegerse y lo que debe permitirse. Y en medio de todo, el reto verdadero sigue siendo garantizar espacios seguros, sin censura, pero con responsabilidad.