locales

La basura y no la lluvia, es el problema de SLP: Iglesia

Más allá del pronóstico del clima, lo que preocupa es el pronóstico social, la falta de conciencia ciudadana y la indiferencia institucional frente al problema

San Luis Potosí, SLP.- San Luis Potosí enfrenta nuevamente las consecuencias de su propio descuido, calles anegadas, coladeras colapsadas y comunidades afectadas por las lluvias recientes. Pero más allá del pronóstico del clima, lo que preocupa es el pronóstico social, la falta de conciencia ciudadana y la indiferencia institucional frente al problema de la basura.
 
Tomás Cruz Perales, vocero de la Arquidiócesis potosina, alzó la voz no solo como representante religioso, sino como observador crítico de una realidad que se repite año tras año. “La lluvia, en sí misma, no es el problema. Es una bendición. Pero cuando se encuentra con toneladas de basura bloqueando los drenajes, se convierte en un desastre fabricado por nosotros mismos”, advirtió.
 
El llamado no se limitó a una simple exhortación moral. Cruz Perales lanzó una crítica directa tanto a la ciudadanía como a las autoridades, instando a ambos a asumir su parte de responsabilidad. Subrayó que los efectos destructivos de las lluvias podrían reducirse significativamente si hubiera un manejo adecuado de los residuos, acompañado de políticas preventivas de limpieza y educación ambiental.
 
Además, destacó la paradoja dolorosa que vive el estado, mientras algunas comunidades siguen sin acceso al agua potable, otras desperdician el agua de lluvia por falta de infraestructura o conciencia. “No valoramos lo que cae del cielo, y peor aún, convertimos esa bendición en una amenaza por nuestra irresponsabilidad”, puntualizó.
 
La Arquidiócesis no solo ve en las lluvias una cuestión ambiental, sino un reflejo profundo de la desconexión entre el ser humano y su entorno. “Nuestra casa común no puede seguir siendo un basurero. Cada pedazo de plástico tirado en la calle es una gota más que nos inunda de consecuencias”, expresó el vocero.
 
El mensaje es claro, no se trata solo de barrer calles tras una tormenta, sino de limpiar actitudes y prácticas que alimentan un problema estructural. La solución no está en esperar menos lluvias, sino en prepararnos mejor para recibirlas.
OTRAS NOTAS