Estimadas amigas y amigos de plano informativo,la representación no se cumple por el simple hecho de ocupar un escaño, sino que se construye todos los días con presencia, con escucha y con cercanía. Por eso, cuando el Congreso del Estado se traslada a municipios del interior, no solo cambia el lugar en el que sesiona, ya que se transforma, aunque sea por un momento, la forma en la que las decisiones públicas se relacionan con la vida cotidiana de las personas. En un estado tan amplio y diverso como el nuestro, donde las distancias entre la capital y las demás regiones a veces no son solo geográficas, sino también sociales, hacer visible al poder legislativo más allá de sus muros es un acto que tiene un gran significado.
Durante este mes de abril, distintas sesiones del Congreso se están realizando de manera itinerante en los municipios de Rioverde, Matehuala, Ciudad Valles, Tamazunchale y Soledad de Graciano Sánchez, municipios que tienen un peso fundamental en la vida del estado y que se caracterizan por su alta población, una fuerte actividad económica y una participación social constante, pero que aun así, por distintas razones, han estado fuera del espacio donde se toman las decisiones legislativas. Trasladar el Congreso a estos lugares, aunque sea de forma provisional, no es solo un gesto simbólico, es un reconocimiento de su relevancia y un paso para cerrar la brecha entre quienes legislan y quienes viven día a día lo que generanlas decisiones que se toman.
Este tipo de acercamientos tienen sentido cuando se entienden como un puente, como una forma de disminuir esa distancia que muchas personas sienten entre lo que ocurre en el Congreso y lo que ocurre en sus comunidades. No se trata de que las y los ciudadanos participen directamente en la sesión, sino de que puedan mirar de frente cómo se desarrollan los debates, cómo se votan las iniciativas y quiénes son sus representantes. También se trata de que, como legisladoras y legisladores, salgamos de nuestras dinámicas habituales y nos enfrentemos con la realidad diversa del estado que representamos.
Lo importante ahora es que esto no se quede como un ejercicio ocasional. Que lo que comenzó como una buena iniciativa se convierta en una práctica constante, no por obligación, sino por convicción. Porque si queremos que la ciudadanía se interese por lo público, también tenemos que mostrarle que lo público puede acercarse, que el Congreso del Estado no es inaccesible y que la representación también implica presencia. La democracia representativa no puede seguir funcionando a la distancia, necesita moverse, necesita salirse de sus formas habituales y acercarse de verdad a quienes representa.
Y cuando ese movimiento ocurre, cuando el Congreso llega a los municipios y se hace presente con respeto, con seriedad y con disposición a mirar de otro modo, se abre un espacio que vale mucho más que cualquier argumento: el de la confianza, el de la cercanía, el de un trabajo que se construye con la gente en mente. Ese es el camino que vale la pena seguir.
De corazón, gracias por su lectura.
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