Viernes 4 de Abril de 2025 | Aguascalientes.

Jorge Chessal Palau

Jorge Chessal Palau | 02/04/2025 | 17:03

AL ANDAR POR LA CALLE Y VER UNA placa con su nombre, pocas veces nos hace detenernos en todo lo que hay detrás de ese simple letrero. Pero en realidad, darle nombre a una calle es uno de los primeros pasos para construir una ciudad ordenada, segura y con identidad.

EN SAN LUIS POTOSÍ EXISTE UNA normativa clara para regular cómo se nombran las vialidades, en la Ley de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano. Si no hay certeza sobre cómo se llama una calle o si hay varias con el mismo nombre, el caos urbano está garantizado.

DAR NOMBRE A UNA CALLE NO ES una decisión al azar. Corresponde a los municipios autorizar oficialmente los nombres de calles, parques, plazas y fraccionamientos, además de asegurarse de que esa información llegue a todas las instituciones que la necesitan: desde correos y servicios públicos, hasta el Instituto Nacional Electoral.

TAMBIÉN ES UN ACTO DE memoria colectiva. Muchas veces se opta por rendir homenaje a personajes históricos, eventos relevantes o elementos culturales que forman parte de la identidad local.

EN ESTE SENTIDO, CADA PLACA SE convierte en un pequeño monumento que algo narra de la historia y los valores de la comunidad.

SIN EMBARGO, NO TODAS LAS decisiones son neutrales. El proceso de selección de nombres puede abrir debates sobre qué figuras merecen ser recordadas en el espacio público y cuáles no. Es por eso por lo que algunos municipios han abierto mecanismos de participación ciudadana para que los vecinos puedan proponer o vetar nombres, fortaleciendo así el sentido de pertenencia y legitimidad.

Y ES QUE HAY CADA OCURRENCIA, como fue en su momento lo sucedido en Tultitlán, Estado de México, donde el ayuntamiento, para congraciarse con el presidente López llamó a las calles de una colonia como “Tandas del Bienestar”, “Cuarta Transformación”, “Tren Maya” y otras similares. Ni que decir que los habitantes se encargaron de arrancar la nomenclatura urbana apenas instalada.

CAMBIAR EL NOMBRE DE UNA calle ya existente requiere un procedimiento formal que involucra consulta pública, análisis técnico y actualización de múltiples registros. No es algo que se pueda hacer de forma improvisada, ya que afecta desde documentos oficiales hasta la vida cotidiana de quienes viven o trabajan en esa calle. Es, sin duda, una gran responsabilidad.

POR SUPUESTO QUE TAMBIÉN hay un vínculo personal con el nombre de las calles. Nunca olvidamos las palabras que designaban a aquellas que nos vieron crecer, que nos sintieron jugar, que nos escucharon cantar; esas calles de la infancia, de los recuerdos, de las añoranzas. Sus nombres se graban, se cincelan en nuestras almas. Podrán cambiar y hasta desaparecer los lugares, pero sus nombres nos acompañarán siempre.

LA NOMENCLATURA URBANA ES, en pocas palabras, una herramienta de orden, de identidad y de derechos. Nombrar las calles es mucho más que poner letreros: es construir ciudad desde sus cimientos simbólicos y prácticos.

UNA CIUDAD BIEN NOMBRADA ES una ciudad mejor vivida.

@jchessal