Viernes 4 de Abril de 2025 | Aguascalientes.

Emanar luz

Claudia Guadalupe Martínez Jasso. | 27/03/2025 | 17:29

Cuando el corazón está naturalmente emanando gratitud, es completamente natural que brote instantáneamente el deseo de compartir. Porque el niño o niña interno(a) se despierta en una algarabía radiante que anuncia que el amor, la magia y los deseos cumplidos son posibles.

Deseo que los demás vivan, saboreen, disfruten y experimenten mis bendiciones. Deseo que miren dentro y descubran verdades, sabiduría, conocimiento y una paz que hoy son las energías coloridas que me habitan. Porque no quiero nada para mí que no sea también para los demás.

Deseo compartir la dulzura que del Espíritu me viene como Victorias. Es entonces cuando el servicio surge naturalmente. En otras palabras, cuando sabemos recibir con agradecimiento los dones y servicios que nos vienen de otros y logramos crecer en el interior, conocernos a nosotros mismos(as) y realizarnos, es completamente natural que deseemos ahora ser nosotros quienes alumbramos el camino, damos la mano, guiamos, cuidamos, acompañamos y protegemos a los demás.

Por ejemplo, cuando alguien enfrenta adversidades fuertes y logra transitar dichas circunstancias con entereza y resiliencia, entonces, existe una urgencia que grita la necesidad de evitar que los demás pasen por el mismo sufrimiento. La luz sale por las grietas de las heridas. La sabiduría es una joya luminiscente que se alcanza con el trabajo interno.

Una persona egoísta transita hacia el camino opuesto a la expansión, porque al no enfocar la mirada hacia adentro y a mirarse en el espejo del espíritu, lucha creyendo que tiene que quitar a los otros para obtener algo, cree que no hay suficiente, piensa que lo único que existe es lo que ya está materializado y por ende, no comparte su luz, por la simple razón de que no sabe quién es. Una persona egoísta no tiene noticia del valor infinito que representa, porque se ha identificado con su personaje.

Por lo tanto, no emana luz, sino que, desde la carencia y dándole la espalda a su Alma, busca como despojar a los otros de lo suyo, para supuestamente enriquecerse y solo para darse cuenta de que lo que tomó de más y de donde no debía, es polvo. Una persona egotista se desenchufó de la fuente de luz, se quedó ciego(a) al amor y ahora cree que lo único real es lo que toca, huele y siente al tacto. Pero y ¿su poder creador?

Se le olvidó que la fuente de luz, de riqueza, de todo lo bueno que hay sobre la tierra, proviene de sí mismo(a), si es que se calibra o resuena con el amor del que viene. Cualquier cosa que está a nuestro alrededor, antes fue una idea.

Así que cada uno de nosotros(as) tenemos la capacidad de subir la escalera al mundo de las ideas y bajar el cielo a la tierra y de esta forma, servir. Podemos crear juntos un futuro glorioso, en el cual la luz del Espíritu sea el plasma creador, en concordancia con el Amor infinito o bien, creernos tan miserables como para tener que tomar la luz que emanan otros, desear que se apague su brillo, quedarse con sus pertenencias, apagar su luz, callar su voz, competir o aniquilar.

Lo eterno y verdadero es la masa con la que se moldea la materia. Entonces, si despertamos hacia adentro, nos daremos cuenta de que el Universo entero habita plenamente en nuestro interior. Nos daremos cuenta de que somos Magos(as), de que somos completa y absolutamente amados y escuchados. Nos daremos cuenta de que esa luz siempre estuvo allí, como una flama pequeña guardada pacientemente por los guardianes de la belleza.

Todo aquello que tiene Espíritu es un recordatorio y un medio para volvernos hacia la verdad. Sentir la conexión con un árbol, un ser humano sin máscaras, un animal no humano, el agua de un río, el calor del sol, el olor a tierra húmeda, el latir de tu corazón, un beso, una carcajada, una toma de conciencia, un dulce sueño o cualquier otra forma de emanar luz, nos recuerdan el origen. Por lo tanto, tu sabes que cuando tienes la necesidad de hacer servicio, de compartir, de ayudar sanamente (primero ayudándote a ti), es porque tu corazón ya se encendió, es porque el fuego interno de Sabiduría en ti ya está listo para alumbrar nuestro tránsito.

Si es así amigo(a), si la flama de la sabiduría en ti, desarrollada en cualquier ámbito ya está refulgente, hoy te digo gracias. Gracias por hacer tu travesía hacia la profundidad de tu Alma. Gracias por ser una lumbrera, un portador o portadora de la melodía de la Unidad. Gracias por tu servicio a la humanidad. Te honro y te doy y seguramente te damos todos, un lugar en nuestro corazón.

Gracias por caminar juntos.