San Luis Potosí, SLP.- La educación preescolar en San Luis Potosí enfrenta una crisis silenciosa, el decrecimiento de la población infantil que ha llevado al cierre de jardines de niños y a la reducción de grupos en los que aún operan.
María Flores González, directora de la escuela Tipo 21 de Agosto, explica que este fenómeno impide que los preescolares cumplan con la Relación Alumno Maestro (RAM) establecida por la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado (SEGE), lo que pone en riesgo su continuidad.
“El problema radica en que cada vez nacen menos niños y, por lo tanto, las escuelas no alcanzan la cantidad de alumnos necesarios para cumplir con la RAM”, explica Flores González.
Durante un recorrido para promover las preinscripciones, visitó más de 15 jardines de niños y encontró que tres ya habían cerrado, mientras que en los que seguían operando, la cantidad de grupos de tercero de preescolar había disminuido significativamente.
El declive en la matrícula de preescolar está estrechamente ligado a una transformación en la estructura familiar y las decisiones reproductivas de las nuevas generaciones.
“Las mujeres millennials están optando por priorizar su desarrollo profesional o, si deciden tener hijos, lo hacen en menor cantidad, con un máximo de uno o dos. Esto impacta directamente en la cantidad de alumnos en las escuelas”, señala la directora.
Esta tendencia ha generado una contradicción en el sistema educativo: mientras la SEGE exige una cantidad mínima de alumnos por docente para mantener operativas las escuelas, la realidad social apunta a una reducción constante en la población infantil. Como resultado, se están fusionando grupos y, en algunos casos, cerrando planteles completos.
Frente a este panorama, Flores González considera que es urgente ajustar la RAM a la nueva realidad demográfica.
“La solución no debería ser cerrar escuelas ni saturar grupos con más de 40 alumnos. En secundaria, por ejemplo, esto afecta la disciplina y la formación de valores. En lugar de forzar fusiones, deberíamos permitir grupos más reducidos, lo que mejoraría la calidad educativa y la atención a los estudiantes”, argumenta María González.
El fenómeno del decrecimiento infantil no solo plantea desafíos para la educación preescolar, sino que también obliga a replantear las políticas educativas. Si no se toman medidas, el cierre de jardines de niños podría convertirse en una constante, afectando a futuras generaciones y debilitando la base del sistema educativo. La pregunta es ¿la SEGE adaptará su normativa o seguirá dejando que las escuelas desaparezcan?