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8M en San Luis Potosí, más voces, más lucha, más exigencia

Este año, la marcha reunirá a un mayor número de contingentes, cada uno con demandas y perspectivas distintas

San Luis Potosí, SLP.- Las calles de San Luis Potosí serán nuevamente testigo de una de las movilizaciones más significativas del año. El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, no es una fecha cualquiera: es un recordatorio de las deudas pendientes con las mujeres y de la lucha constante contra la violencia de género en todas sus formas. Este año, la marcha reunirá a un mayor número de contingentes, cada uno con demandas y perspectivas distintas, pero con un mismo objetivo: visibilizar las desigualdades que persisten en la sociedad.
 
Desde trabajadoras remuneradas y no remuneradas, mujeres con discapacidad y trastornos mentales, hasta contingentes de abogadas con perspectiva de género, artistas y mujeres indígenas, la pluralidad será una de las características más notorias de esta movilización. También se sumarán grupos familiares conformados por madres e hijas, así como el Contingente Sororidad Normalista. La marcha no solo es un acto de protesta, sino también un ejercicio de memoria, de resistencia y de exigencia de justicia.
 
Para la Dra. Xóchitl Guadalupe Rangel Romero, investigadora de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) e integrante del Consejo de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, esta movilización responde a una deuda histórica con las mujeres. “Hoy no solo marchan mujeres, sino que también se invita a otras personas a sumarse, lo que demuestra que la lucha feminista es un fenómeno que atraviesa a toda la sociedad”, señaló.
 
La fuerza de la colectividad es uno de los ejes centrales del 8M. Cada contingente representa un sector de la población con necesidades específicas, pero todos convergen en la urgencia de erradicar la violencia de género y transformar las estructuras que perpetúan la desigualdad. En ese sentido, la marcha no es solo un evento anual, sino parte de una lucha continua que busca incidir en políticas públicas y en la conciencia colectiva.
 
En medio de la preparación para la marcha, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí ha generado controversia con la decisión de reforzar las puertas de su Edificio Central, lo que ha sido interpretado por muchas activistas como una acción simbólica de distanciamiento del movimiento feminista.
 
Miroslava Giselle González Sánchez, presidenta de la Federación Universitaria Potosina (FUP), criticó la medida al considerar que no representa un verdadero compromiso con la igualdad de género. “No digo que no protejan el patrimonio de la universidad, porque sabemos que es un edificio importante. Pero el hecho de que quieran maquillarlo como si fueran aliados, la verdad está fuera de lugar”, expresó.
 
Las ventanas resguardadas con puertas de madera y los mensajes plastificados en homenaje a las mujeres universitarias no fueron bien recibidos por diversas activistas, quienes consideran que la institución debió consultar a su comunidad antes de tomar esta decisión. “Nos hubieran consultado a todas las universitarias, porque somos su parte más importante. En lugar de tomar esta iniciativa por su cuenta, debieron preguntarnos qué opinábamos al respecto”, añadió González Sánchez.
 
El contingente universitario se sumará a la marcha con aproximadamente 200 alumnas de la UASLP y otras instituciones de educación superior. Esta participación refuerza la idea de que el movimiento feminista no se limita a un solo grupo, sino que se extiende a distintos sectores de la sociedad.
 
La marcha del 8M no solo es un espacio de protesta, sino también de exigencia hacia las instituciones del Estado. La Dra. Rangel Romero subrayó la importancia de que las demandas de los colectivos feministas sean tomadas en cuenta de manera efectiva por las autoridades. “Es fundamental que todas las acciones que se implementen desde el Estado sean transversales y tomen en cuenta las demandas de las colectivas y asociaciones civiles. Solo así podremos garantizar respuestas más efectivas para la ciudadanía”, enfatizó.
 
El 8 de marzo no es una celebración, es un recordatorio de la violencia estructural que persiste en la sociedad y de la necesidad de transformar esas realidades. No se trata solo de llenar calles, sino de alzar la voz por aquellas que ya no pueden hacerlo. Es una jornada de protesta, pero también de memoria y resistencia.
 
Cada contingente que se suma a la marcha aporta una visión, una lucha, una exigencia. La diversidad de voces fortalece el movimiento y refuerza el mensaje: la justicia y la igualdad no son concesiones, son derechos que deben ser garantizados. Y mientras existan pendientes, las mujeres seguirán marchando.
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