“Tú sabes que nadie es indispensable”, -le dijo la patrona a Mara, después de llamarle la atención por enésima vez sobre algunos aspectos que no le habían gustado en su desempeño diario como empleada de la limpieza.
-Ay no. Sentí mucho coraje. Pero me aguanté -dice.
Ya había estado pensando en renunciar, pero necesitaba el dinero.
Tráfico lento. Mara viaja en los asientos de atrás de un camión urbano y conversa con otra trabajadora del hogar. Sus historias revelan el racismo disimulado y el clasismo a veces explícito con el que las tratan las familias para las que trabajan y quienes les exigen un alto nivel de cumplimiento en sus funciones.
Esos hogares dependen de ellas. Miles de hogares potosinos dependen de las mujeres de la limpieza y, sin embargo, resulta que “no son indispensables”; es más, son casi invisibles. Muchas personas piensan que lavar, limpiar, preparar, arreglar y servir no son labores dignas a pesar de que en México, cuando son remuneradas, generan un monto equivalente al 27.6% del Producto Interno Bruto (PIB), según el INEGI.
Pasan entre una y dos horas diarias en camiones atestados para llegar a sus centros de trabajo, cumplen jornadas extenuantes y ofrecen un servicio que contribuye en gran medida a la economía y al desarrollo social del país, pero no se las valora lo suficiente.
San Luis Potosí es una de las entidades federativas donde menos se reconocen sus derechos laborales. Según estimaciones, hay aproximadamente 46 mil mujeres que se dedican a al trabajo doméstico remunerado, pero solo 597, es decir el 1.2 por ciento, están dadas de alta en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
Las personas empleadoras están obligadas a registrarlas desde el primer día de trabajo, según la ley, pero los patrones, que por lo regular son gente con preparación académica, empresarios, contadores, abogados, políticos, etcétera, no cumplen con esta responsabilidad.
La entidad está entre los 10 últimos lugares a nivel nacional por número de personas trabajadoras del hogar dadas de alta ante el IMSS, estos son: Nayarit (771), Colima (686), San Luis Potosí (606), Oaxaca (586), Tlaxcala (583), Baja California Sur (396), Quintana Roo (363), Zacatecas (268), Tabasco (226) y Campeche (219).
Incluso, el resto de los estados de la región Bajío, excepto Zacatecas, superan a San Luis Potosí en esta materia, pues en Guanajuato hay 1 mil 944, personas ocupadas en el trabajo doméstico remunerado registradas ante el IMSS; en Aguascalientes hay 1 mil 210 y en Querétaro 923.
Bajos salarios y largas jornadas de trabajo
En el trabajo, Lucía se olvida de todo; incluso de sus achaques. Piensa en lo importante que es el escaso dinero que, gracias a su trabajo, aporta a la economía familiar.
“A mí me gusta planchar. Pero no me gusta plancharle a la gente para la que trabajo. Nada más a ellos (sus actuales patrones). Porque ellos son buena gente. Cuando llego me dicen: ‘Ya está listo el café. Agarra lo que quieras para desayunar’. Pero me han tocado casas en las que ni un vaso de agua quieren que agarres”, dice.
Las personas trabajadoras del hogar, que en su mayoría son mujeres, son uno de los sectores laborales más precarizados en México y San Luis Potosí no es la excepción: las y los empleadores no les pagan ni dos salarios mínimos diarios.
De acuerdo con cifras del Inegi, al cierre del 2022, en México, un total de 2.5 millones de personas de 15 años y más estaban ocupadas en el trabajo doméstico remunerado. De estas, 90.2 % eran mujeres y 9.8 %, hombres; y solo el 2.51%, están afiliadas al IMSS.
Y aunque son mayoría, las mujeres también padecen la brecha salarial en este oficio. Según el Inegi, en ese año, el ingreso promedio era de 3 829 pesos mensuales: 3 767 pesos las mujeres y 4 399, los hombres; una diferencia del 16.77%.
En San Luis Potosí los salarios son mucho más bajos. En la Subdelegación Oriente del IMSS, correspondiente a la zona metropolitana, al cierre del 2023 estaban registradas 226 trabajadoras del hogar, con un salario promedio de 302.2 pesos para mujeres y 354.9 pesos para los hombres.
La situación varió poco en un año, al cierre del 2024, se reportaron 228 personas trabajadoras del hogar registradas, con un salario promedio de 308.3 pesos para mujeres y 333.2 pesos para los hombres.
En la subdelegación Poniente, también en la capital del estado, en 2023 había 289 personas dadas de alta, con un salario de 307.6 pesos para mujeres y 336.1 para hombres.
Al cierre del 2024, estaban dadas de alta 294 personas, con un salario promedio de 306.6 pesos para mujeres y 348.3 para hombres.
En la subdelegación Ciudad Valles, en 2023 se tenían registradas solo 56 personas con sueldos de 276.6 pesos para mujeres y 298.5 para hombres. Al cierre del 2024 estaban registradas 55, con los sueldos más bajos del estado, aunque se equilibraron en 283.0 para mujeres y 283.8 para hombres.
En la subdelegación Matehuala, en 2023, treintaicinco personas trabajadoras del hogar estaban dadas de alta por sus empleadores, con salarios de 300.2 pesos para mujeres y 307.8 para hombres, pero al cierre de 2024, ya solo había veinte afiliadas, y si bien, los salarios aumentaron para las mujeres a 313.4 pesos diarios, bajaron para los hombres a 283 pesos.
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El promedio de espera para un camión urbano es de 30 o hasta 40 minutos. Susana se queja de la ansiedad que esa espera le produce. Tiene que abordar dos unidades para llegar al trabajo.
“Yo tuve una pareja, pero casi ni lo veía. Me la pasaba trabajando. Y en su familia siempre hacían fiestas los fines de semana. Y me reclamaba porque siempre llegábamos tarde: ‘En lo que llegas del trabajo, en lo que te arreglas, en lo que te maquillas...’ me decía. Pero no quería que dejara de trabajar”, cuenta.
Extensas jornadas de trabajo son la norma en el servicio doméstico. De acuerdo con un estudio del Instituto de las Mujeres del Estado (IMES) realizado en 2019, a la semana, las mujeres de la limpieza acumulan una media de 30.9 horas de trabajo, sin embargo, hay quienes llegan a trabajar hasta 54 horas, con el objetivo de aportar a la economía familiar o contar con dinero propio para sus gastos.
Y se trata de mujeres de todas las edades, desde los 15 hasta los 75 y más. Tan solo en la capital potosina, registradas ante el IMSS, hay 3 en el rango de los 15 a los 20 años y 17 mayores de 70. La mayoría, 183, están en el rango de los 55 a los 65 años.
Invisibilizadas
Sirvientas, criadas, chachas, empleadas domésticas, trabajadoras del hogar. No hay denominación ni eufemismo que reivindique su labor y que borre la superioridad de clase de quien las contrata.
Plano Informativo publicó una nota periodística sobre el trabajo doméstico en marzo del 2024. En abril, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), envió un boletín, en el cual informó que “para generar acciones de igualdad laboral y combatir la invisibilización de las potosinas trabajadoras del hogar”, el IMES y la STPS, realizaron el foro “Los Derechos Laborales de las Personas Trabajadoras del Hogar”, en el Centro Cultural “Julián Carrillo”.
Ahí se habló de la importancia de la afiliación de las Personas Trabajadoras del Hogar ante el IMSS pero, al parecer, no sirvió de nada y así lo prueban las estadísticas: en marzo de 2024 había 606 trabajadoras afiliadas, a marzo de 2025 hay 597.
Según el “Estudio con enfoque intercultural sobre trabajo doméstico remunerado y no remunerado” (IMES. 2019), “la marginación y exclusión que se impone a las mujeres en el ámbito público son consecuencias sociales derivadas de la ausencia de reconocimiento de la importancia del trabajo doméstico”.
Es decir, al no reconocerse la importancia y dignidad del trabajo del hogar, las mujeres son minusvaloradas en otros ámbitos.
Es evidente que hasta la fecha, no ha habido ninguna iniciativa por parte de ninguna autoridad, que realmente impulse el registro de las trabajadoras domésticas potosinas ante el Seguro Social. Prácticamente el 99% de ellas permanecen en la informalidad y sus derechos laborales siguen siendo vulnerados por la parte patronal.
El año pasado, el Congreso local, instituyó el 8 de diciembre como el Día del Transportista Potosino, para celebrar al desacreditado gremio de los taxistas, pero a las trabajadoras del hogar, en lo que va de la LXIV Legislatura e incluso en las anteriores, no les ha dedicado ni siquiera un boletín de prensa.
Mara y su amiga, concluyen que los patrones saben que no es fácil encontrar una buena empleada de la limpieza, pero eso solo les preocupa el día que ya no cuentan con ella.
Cuando Mara finalmente renunció, la patrona le preguntó por qué se iba, le insistió en que se quedara y todavía le dijo:
-Tú sabes que aquí siempre te hemos tratado muy bien.