Aproximadamente el 2% de la población mundial padece algún tipo de epilepsia; de este grupo, alrededor del 10% es considerado de difícil control al requerir de intervenciones quirúrgicas como medida terapéutica, indicó el director de la Clínica Hospital del ISSSTE “Pedro Bárcena Hiriart”, doctor Ricardo Velázquez Sánchez.
Agregó que esta enfermedad, considerada ya un problema de salud pública, aparece desde la niñez o la adolescencia en las tres cuartas partes de los casos y son muchas las causas que pueden desencadenarla; una de las más frecuentes se presenta en el periodo neonatal, es decir en los primeros 28 días de vida, debido a una mala oxigenación en el nacimiento, lo que conduce a crisis recurrentes que bien pueden ser transitorias, por trastornos metabólicos, o persistir el resto de la vida.
También los partos muy complicados y las infecciones como la meningitis o la encefalitis en la edad infantil pueden ocasionar distintos daños en el cerebro y conducir a ataques epilépticos durante el periodo agudo de la enfermedad. A ello se suman los golpes fuertes en la cabeza y los trastornos de desarrollo cerebral, considerando que hay cerebros deformes y que por ese hecho son predisponentes de epilepsia.
Señaló que este padecimiento es controlable y sólo en algunas ocasiones es curable cuando, llegándose a registrar casos en que la enfermedad desaparece de manera espontánea después de un efectivo tratamiento.
El Doctor Velázquez Sánchez indicó que debido a los diferentes tipos de afecciones epilépticas, no todos los pacientes son candidatos a cirugía. Del total de casos en el mundo, únicamente el 10% puede beneficiarse con el procedimiento quirúrgico, mientras que el resto se atiende con otros recursos terapéuticos, principalmente basados en medicamentos.
Hizo un llamado a la población en general a no rechazar a esas personas, quienes, con un efectivo tratamiento, pueden llevar una vida normal dentro de la sociedad. Desafortunadamente, los pacientes con epilepsia son objeto de discriminación en los ámbitos escolar, laboral e incluso familiar y por este motivo se les dificulta integrarse a una sociedad que cada vez los rechaza más,.
Explicó que la mayoría de los epilépticos poseen una capacidad intelectual normal o similar a la de cualquier persona sana. Por tanto, igual que en la sociedad en general, “en la comunidad epiléptica tenemos una diversidad de capacidades y lo deseable es que se les dé la oportunidad de hacer uso de esas facultades y habilidades, e integrarse a la vida productiva, laboral, escolar y social”.
