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Mamáev y Kokorin, juguetes rotos por los petrorrublos

EFE | 10 Octubre 2018 | 17:32

 Estaba escrito. Malcriados durante años por los petrorrublos, con sueldos muy superiores a su talento, algunos futbolistas rusos tomaron la senda de la perdición. Es el caso de Alexandr Kokorin y Pável Mamáev, detenidos hoy por agresión.

Kokorin (Zenit), que llegó a ser considerado el heredero de los mismísimos Mostovói y Arshavin, y Mamáev (Krasnodar) han sido detenidos por vandalismo, en virtud de un artículo del código penal que acarrea hasta cinco años de prisión.

Pocos creen que los futbolistas serán finalmente condenados a penas de cárcel, aunque las imágenes de vídeo publicadas no dejan lugar a dudas sobre la brutalidad de su agresión a dos funcionarios y un conductor, pero sus carreras ya nunca serán las mismas.

Pocas veces ha habido una unanimidad igual en la sociedad rusa, desde el Kremlin, a la Duma, a la prensa y a la calle: los futbolistas son culpables y deben ser castigados con todo el peso de la ley.

"Deben ser castigados. La sociedad ya les ha condenado. Ahora, le toca al juez", comentó hoy Guennadi Orlov, histórico comentarista del Zenit.

Según la prensa, Kokorin gana 3,5 millones de euros al año, lo que le convierte en uno de los jugadores mejor pagados del campeonato ruso, mientras Mamáev cobra en torno a los 2,5 millones de euros.

Con esos sueldos, los futbolistas rusos no tienen necesidad ni ganas de emigrar a ligas extranjeras, donde los salarios son mucho peores y el nivel de exigencia mucho mayor, y se acaban convirtiendo en príncipes sin corona.

Con la excepción de las cinco grandes ligas -España, Inglaterra, Italia, Alemania y Francia- y quizás Portugal, en ningún país europeo se pagan esos sueldos.

Hasta el presidente ruso, Vladímir Putin, ha llamado la atención sobre los salarios que los clubes rusos pagan a los jugadores.

El valencianista Denís Chéryshev, un ruso que vive en España desde los seis años, es el único internacional que milita en una liga extranjera.

Nacidos en el seno de familias humildes, los futbolistas llevan una vida de oropel al alcance de muy pocos, más aún cuando la pobreza en Rusia afecta a más del 20 por ciento de la población.

Los petrorrublos, proceso al que contribuyó en gran medida la llegada del gigante gasístico Gazprom al todopoderoso Zenit, han creado toda una generación de futbolistas encaprichados con el dinero.

En un caso muy sintomático, un joven futbolista, Stanislav Manáyev, colgó a principios de año un vídeo en el que se ve cómo se suena los mocos con un billete de 5.000 rublos (86 dólares).

Vidas disipadas repartidas entre mansiones, suites de hotel, coches último modelo, discotecas, restaurantes caros y varias horas de entrenamiento diario. Vidas que no pueden soñar ni los campeones olímpicos.

El italiano Fabio Capello, antiguo seleccionador ruso, tuvo claro desde el principio que Kokorin era el mejor jugador del país y lo convirtió en piedra angular de su proyecto, aunque la fragilidad mental y las lesiones truncaron su progresión.

Ahora, acaba de volver de una gravísima lesión de rodilla que ocurrió cuando volvía por sus fueros en el Zenit dirigido hace poco por otro italiano, Roberto Mancini, y que le dejó sin Mundial.

A sus 30 años, tres más que Kokorin, Mamáev era una de las grandes promesas del CSKA Moscú, el club que mejor trabaja con los jóvenes, pero finalmente fue traspasado al Krasnodar, el nuevo rico del fútbol nacional.

Nadie duda de su clase, pero la muestra con cuentagotas, por lo que no ha sido convocado por la selección desde la Eurocopa de 2016.

Si son condenados, nadie les compadecerá. Los rusos se la tienen jurada por sus numerosas salidas de tono, como cuando se gastaron 250.000 euros sólo en champán en una fiesta en Mónaco poco después de que la selección fuera apeada en la primera fase de la Eurocopa.

La generación de Mostovói y Karpin organizó en su momento un motín contra el seleccionador; Arshavin también ocupó portadas con sus inoportunos comentarios, pero el actual escándalo no tiene parangón.

La mayoría de consultados, incluido leyendas del deporte, piden un castigo ejemplar para los jugadores, para los que no hay hueco en la selección cuartofinalista en el Mundial, donde reina la disciplina más soviética.

Bueno, en tiempos soviéticos el histórico delantero Eduard Streltsov cumplió cinco años de trabajos forzados por la supuesta violación de una mujer, pero logró reiniciar su carrera, proclamarse campeón con el Torpedo y ser nombrado mejor jugador de la liga.

"Streltsov fue encarcelado, cumplió la pena y después de un tiempo recibió permiso para volver a jugar. Si hasta los que salen de la cárcel siguen siendo ciudadanos rusos. No se les puede privar de trabajar. Y si Kokorin y Mamáev no saben hacer otra cosa. ¿Qué será de ellos?", aseveró Orlov.

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