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Bicentenario fiesta nacional y del continente

Las celebraciones por el bicentenario de la Independencia en diversos países de Latinoamérica contemplan desfiles y conciertos.
El Universal | 28/08/2010 |

Como en México, donde la palabra bicentenario ha servido para bautizar calles, premios y concursos, en otros países de América Latina que conmemoran el bicentenario de su Independencia de España, el término ha servido para denominar desde un banco, el Bicentenario Universal en Venezuela, un fondo de recursos en Argentina, y hasta campañas publicitarias: “Todos nuestros productos a precios de bicentenario”, lema de unos supermercados en Colombia.

Con México, este 2010 festejan su bicentenario Argentina, Colombia y Chile; Ecuador y Bolivia lo hicieron en 2009 aunque sus programas continúan; Venezuela también comenzó este año la celebración pero será en 2011 cuando se conmemore formalmente; Paraguay y El Salvador también harán lo propio el próximo año.

Inauguración de centros culturales, grandes exposiciones, conciertos, fuegos artificiales, concursos literarios, nuevas colecciones editoriales y congresos de historiadores han ocupado buena parte de la agenda en la región.

La respuesta de la gente ha sido masiva para los conciertos y durante los festejos en las grandes capitales; en contraste, la reflexión se ha concentrado en los espacios académicos.

Si por un lado ha habido un programa de tipo cultural y académico, por el otro resalta el uso político de la Independencia según las coyunturas nacionales, así como demostraciones de poder a partir de los más grandes desfiles militares que se recuerden, disputas en torno a quién fue el primer país en iniciar la Independencia (Ecuador o Bolivia), desencuentros entre los gobiernos nacionales y los locales, exhumación de restos, como los de Simón Bolívar.

Y también como en México, historiadores y escritores han cuestionado las formas de celebración y la pérdida de una oportunidad para reflexionar a nivel de América Latina acerca del pasado, el hoy y, sobre todo, el porvenir.

La huella del centenario

En 1910, en varios países, la conmemoración representó una oportunidad para legar grandes obras, bajo un marco de progreso que se percibía en algunos países de la región.

“Hace 100 años -dice desde Colombia el historiador Gilberto Loaiza Cano- la gente dejó huella conmemorando, y lo que veo hoy es que no tenemos la intención de dejar huellas o porque no hay recursos o porque no hay el optimismo que hubo hace 100 años. Hace un siglo la sociedad pensaba que conmemorar contribuía a que la nación se refundara, a que se encontrara un punto de consenso en torno de algo que nos hace sentir o colombianos o mexicanos o venezolanos. Ahora no; no tenemos nada en común que celebrar, no nos sentimos con ganas de comenzar algo de nuevo. No nos sentimos ni comenzando un siglo ni siendo una sociedad que necesita reunirse en torno de algo. No le estamos diciendo al futuro: ‘Mire, aquí vamos a guardar algo para que dentro de 100 años lo vean ustedes’ ”.

Desde Ecuador, el también historiador Milton Luna expresa: “Es una fecha muy desaprovechada en términos de un examen crítico, porque habría que evaluar qué pasó en estos 200 años en América Latina. Esa mirada crítica hacia el futuro no la hemos tenido”.

Aunque algunos mandatarios en diversas reuniones dejaron entrever que habría una conmemoración conjunta, no se han impulsado iniciativas para que de manera regional se festeje, mucho menos para una reflexión:

“Debería ser un proceso conmemorativo común -dice Loaiza- porque hay muchas cosas en común, es que no solamente hay que recordar lo que nos pudo pasar hace 200 años en Santa Fe de Bogotá sino lo que estuvo pasando al mismo tiempo en Caracas, en la Nueva España, en lo que era el Virreinato de la Plata, en Santiago y en Valparaíso; tratar de recordar lo que pasó hace 200 años nos ayudaría a reactualizarnos y nos pondría a pensar que somos un subcontinente que se separó de España. Eso nos recuerda que tenemos unos vínculos comunes que en 200 años no hemos sabido administrar”.

Si no ha habido una celebración entre las naciones de América Latina, tampoco ha habido celebraciones regionales, más allá de eventos impulsados por mandatarios afines políticamente, como el venezolano Hugo Chávez y el ecuatoriano Rafael Correa.

Milton Luna lo explica así: “A pesar de la gesta que desde Venezuela hasta Bolivia lideró Simón Bolívar, y Antonio José de Sucre, en particular, tampoco ha tenido la celebración una dimensión subregional; ha flotado el tema del famoso bolivarianismo, pero eso está muy ligado a una figura tan controversial como la de Hugo Chávez. No he observado ninguna iniciativa de Bogotá, de Venezuela, no sólo de los gobiernos sino de la sociedad civil o de la academia, en particular de los historiadores”.

A 200 años de independencia, continúa Luna, América Latina se encuentra en medio de muchos procesos sociales importantes e inconclusos. “Lo que pasó en México, con los indocumentados, es la evidencia de esta América Latina que se sigue desangrando y que nos tiene, a pesar de algunos intentos y esfuerzos, en medio de la profundización de una crisis estructural”.

 

Disputa de poderes en Argentina

En Argentina se tiró, literalmente, la casa por la ventana, con más de 2,6 millones de personas en las calles, y artistas de toda Latinoamérica actuando en la conmemoración, que tuvo lugar el pasado mes de mayo.

El festejo se concentró principalmente en el Obelisco de la Avenida 9 de Julio, donde se montó el escenario mayor y donde cada país tuvo su stand al igual que cada provincia argentina. Llegó, ese baluarte del folclore latinoamericano que es la colombiana Toto La Momposina, quien puso a bailar a más de un millón de personas en las calles.

En lo que a los artistas locales respecta, subieron al escenario sólo aquellos que profesan fe kirchnerista, como el caso de León Gieco (que vale aclarar es mucho más que un militante kirchnerista), Víctor Heredia o Susana Rinaldi. De forma sospechosa, los que adscriben a otras tendencias políticas no formaron parte del elenco argentino del Bicentenario.

En un país donde la política, incluso la cultural, vive abonada al escándalo, los funcionarios nacionales y del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, no se tomaron un respiro ni siquiera para celebrar los 200 años de proyectar algo parecido a una nación. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, discutieron públicamente por la invitación oficial para participar de la esperada reapertura del Teatro Colón.

Si en el centenario, a la gala del Colón para presenciar Rigoletto con Graziella Pareto, Giuseppe Anselmi y Titta Rufo había concurrido la Infanta Isabel de Borbón, en la reapertura sólo fue el presidente uruguayo José Mujica y la presidenta Kirchner brilló por su ausencia.

Por encima de los políticos, la nota singular la brindó la sociedad argentina que se volcó en masa a las calles como nunca antes en la historia sin que se produjera incidente alguno.

“Fue una jornada histórica donde la gente participó masivamente porque busca reconocerse como nación”, explicó el historiador y psicólogo Pacho O’Donell. Pero para el escritor Rodolfo Fogwill, recientemente fallecido, todo no pasó de un montaje: “Fue una semana de carnaval en la que reemplazaron la historia por la historia colectiva. Pusieron circo. Seguramente la gente estuvo unida, pero cualquier domingo en el Rosedal (un paseo similar a Chapultepec) la gente corre y se sonríe”.

 

Chile en torno de Gabriela Mistral

Como en México, en septiembre será el turno de Chile que, aunque lo apremian otras cuestiones más urgentes, como la reconstrucción tras el terremoto y el rescate de los 33 mineros, se dará el tiempo para inaugurar uno de los centros culturales más importantes de América Latina, el “Gabriel Mistral”.

Los días 17 y el 18 de septiembre los chilenos celebrarán con desfiles militares y números musicales, reposiciones en el Museo Nacional e inauguraciones de obras de infraestructura.

La próxima semana arranca la agenda cultural del bicentenario con una antología histórica del teatro chileno y la presentación del cancionero de Chile, las 200 canciones seleccionadas por la ciudadanía a través de Internet. Pero el hito cultural de será la inauguración del Centro Cultural “Gabriel Mistral”, un homenaje a la poetisa premio Nobel de Literatura en 1945, en el lugar donde se erigió el histórico edificio Diego Portales, el mismo que sufriera un voraz incendio en el 2006, y que parece haberse llevado para siempre los fantasmas de la dictadura de Augusto Pinochet, que supieron albergarlo.

El recinto alojará el Museo de Arte Popular Americano de la Universidad de Chile, una sala de espectáculos para 2 mil 500 personas, una sala para danza y un archivo de artes escénicas.

No faltan los concursos literarios organizados por la Comisión del Bicenteneario; cuento y poesía, es el fuerte, en realidad más poesía que cuento, como suele ocurrir en Chile. Porque así como la manifestación cultural predilecta de los brasileños es la música y la de los argentinos el teatro, en Chile se respira poesía. Como alguna vez dijo el fallecido escritor Volodia Teitelboim, el nombre de Chile está hecho de poesía y el apellido de Chile es Neruda. El poeta tampoco estará ausente en esta conmemoración que agasaja su prolífica obra que es la obra de todo un país.

Venezuela exhuma a Bolívar

El 5 de julio de 2011, Venezuela festejará; para ello se creó la “Comisión Presidencial para la Conmemoración del Bicentenario de la Independencia de la República Bolivariana de Venezuela”.

En su sitio web, se explica que la celebración debe convertirse en una fiesta popular en la que los pueblos sean los protagonistas: “Las actividades desplegadas deben superar el carácter estrictamente oficial y académico que solían tener este tipo de eventos en tiempos de la cuarta república. El protagonismo del pueblo debe expresarse en todas y cada una de las actividades”.

En el marco de la conmemoración, este año se llevó a cabo la exhumación de los restos de Simón Bolívar, con el fin de que científicos establezcan si realmente se tratan de los del “Libertador” y aclarar las causas de su muerte, ocurrida en Santa Marta, Colombia, en 1830.

En julio pasado, en televisión y a media noche, los venezolanos siguieron la ceremonia donde el presidente venezolano anunció la creación de un nuevo panteón para el Libertador. El mandatario dijo haber llorado de la emoción cuando se abrió el sarcófago.

Según la versión histórica, Bolívar murió de tuberculosis, pero Chávez discrepa con esto y sospecha que el héroe fue envenenado por sus enemigos, que “lo querían muerto”.

En opinión del historiador Gilberto Loaiza, “la conmemoración se ha tornado morbosa y patológica al exhumar los restos de Bolívar para saber si nosotros los colombianos, en ese momento, decidimos envenenar a Bolívar. Chávez quiere demostrar eso en una coyuntura de pugnacidad diplomática que hay entre Colombia y Venezuela, países vecinos que tienen una historia común”.

Este año también los presidentes Chávez y Correa, de Ecuador, llevaron los restos simbólicos de Manuela Sáenz (heroína de la Independencia y compañera de Bolívar) junto al sarcófago del “Libertador”, en un acto realizado en Caracas, en el marco de la conmemoración por los 199 años de la firma del acta de la Independencia. El cofre con los restos simbólicos de la generala fue recogido en la tierra de Paita (Perú), donde murió en 1856; luego se llevaron en un periplo por Perú, Ecuador y Colombia, hasta llegar a Venezuela.

Allí, Rafael Correa dijo que el acto no se trataba “de átomos y partículas por un certificado forense, la generala vive en cada ecuatoriana, en cada ecuatoriano, en cada venezolana y venezolano, en cada latinoamericano que amamos esta patria inmensa que celebra el Bicentenario. Este polvo representa sin medida la causa de la libertad de nuestra América, nuevos cantos, nuevos tiempos para América Latina”.

 

Ecuador inició la Independencia

Fue en Quito donde tuvo lugar, el 10 de agosto de 1809, la primera declaratoria de independencia del poder español en la región. Por eso desde el año pasado esta nación conmemoró sus 200 años de independencia.

El programa de festejos tuvo muchos actos, por ejemplo, congresos y encuentros de historia, las llamadas caravanas del Bicentenario y colectivos culturales locales, la exposición “Salvador Allende”, las presentaciones de un plan editorial Bicentenario, del sello Bicentenario y Centenarios del Bicentenario.

Se presentó la ópera Manuela y el Libertador, una exaltación del papel que desempeñó la heroína ecuatoriana en la gesta libertaria, impulsada por Bolívar. Hubo conciertos masivos con Silvio Rodríguez y Calle 13; además se crearon espacios como el Centro Cultural de la Resistencia Indígena.

Luna cuenta que el espíritu que rodeó la celebración estuvo signado por coordenadas culturales y políticas de coyuntura. “El evento ha sido muy usado para las necesidades del presente”. Otro rasgo de la conmemoración en su país, señala el historiador, es la constante “apelación a los hechos y a los héroes, concentrada en el recuerdo pero también en darle cierta orientación -sobre todo este año 2010- en el discurso de una segunda independencia, a niveles de soberanía y fiesta anti-imperialista. La celebración ha tenido un impacto muy local, no nacional. Se fue diluyendo el tema, incluso para la utilización política no ha sido tan potente”.

La despedida de Álvaro Uribe

En Colombia la conmemoración de la Independencia tuvo un comienzo indefinido. ¿Qué festejar: el 20 de julio de 1810, cuando se dio el grito, o el 7 de agosto de 1819, cuando tuvo lugar la batalla de Boyacá que marcó la liberación del virreinato de la Nueva Granada? Al final, y un poco tarde, en esa nación se optó por la primera fecha.

La diversidad cultural marcó el programa promovido por el Ministerio de Cultura para festejar con actividades en torno de la recuperación de la memoria, exposiciones históricas, promoción de rutas históricas, congresos y grandes conciertos que llegaron a ciudades apartadas del circuito habitual de estos eventos, como Quibdó, donde se presentó Juanes; fueron más de 200 mil artistas en mil 102 municipios de Colombia y en otros países.

La fiesta del 20 de julio coincidió con que dos semanas después el presidente Álvaro Uribe dejaría el poder, así que muchos festejos se mezclaron con los actos que despedían al mandatario. Ese mismo 20 de julio tuvo lugar un impresionante desfile militar, que fue mayor al que cada año se hace en esa fecha.

“Sigo pensando que en Colombia este evento conmemorativo nos tomó, tanto a los intelectuales como a los políticos, con los calzones abajo; sin tener criterios muy claros de qué se debía conmemorar, cuándo conmemorar y cómo conmemorar”, dice Loaiza.

El problema, agrega el historiador, es que ahora se piense que con haber conmemorado algo en el 2010 ya se cumplió la tarea. “El asunto conmemorativo es un ciclo que apenas está teniendo alguna importancia y que debería prolongarse hasta el 2030, cuando se produjo la disolución del proyecto grancolombiano de Simón Bolívar”.

Para el historiador, hubo un énfasis militar en el festejo: “No fueron desfiles cívicos como hace 100 años cuando se estaban movilizando sindicatos, asociaciones de artistas, sociedades de socorro mutuo. Los desfiles de ahora exhibieron a quienes han sido víctimas o héroes de nuestra guerra interna”.

Reinvindicaciones en Bolivia

En la patria de Evo Morales se celebró el grito independentista de la provincia de Sucre (fue un levantamiento popular en Chuquisaca contra el gobernador intendente en mayo de 1809). Para el Bicentenario de la Independencia como tal, restan aún 15 años (1825).

En mayo, en una marcha de pueblos aborígenes de la nueva Nación Multicultural que es Bolivia, gracias a su nueva Constitución, se rescató una figura de la Independencia latinoamericana: Juana Azurduy, una heroína de Chuquisicasa, revindicada por el kirchnerismo en Argentina, gracias a historiadores oficiales y a cuestiones de género que pueblan las políticas oficiales. Allí, Evo Morales saludó a “los héroes de la América Latina”, sin mucho más para la historia.
 

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