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Def Leppard y el rock que ya nadie entiende

04/10/2017 | 15:56 | Chucho Ramírez

Faltaban 4 minutos para las nueve de la noche, azúl y púrpura se pintó el ambiente de la Arena Ciudad de México y los primeros acordes comenzaron a sonar.

Sin modestia, la banda originaria y orgullosa de Sheffield, Inglaterra, lanzó -al hasta ese momento pasivo público-, éxitos del tamaño de Rocket, Armaggeddon It, Animal y Love Bites.

El concierto había iniciado, la gente aún seguía entrando y conforme las canciones iban sonando, el ambiente poco a poco comenzaba a parecerse a un concierto de rock.

The Warning, trío de hermanas oriundas de Monterrey habían hecho lo suyo como teloneras, pero la gente parecía no responder.

En algún momento cuándo volteé a ver a mi alrededor, una pareja de "chavos", me pidieron que me sentara porque no los dejaba ver, solicitud que politicamente ignoré pensando hacia mis adentros "Vienen a un jodido concierto de rock, ¿En serio me piden que me siente?", pero al dar otro vistazo me di cuenta de la realidad: Muchos asistentes viendo el concierto a través de las pantallas de su celular, chicas haciendo "cuernos" y sacándose la respectiva selfie.

Los recién reivindicados millenials, hicieron presencia en forma de sujetadores de teléfono, espectadores que no conocían las canciones pero portaban orgullosamente la playera de 120 pesos que les vendieron afuera del recinto.

Joe Elliot, Rick Savage, Rick Allen, Phil Collen y Vivian Campbell hacían lo suyo en el escenario: solos de guitarra, cruces en el escenario, caminata en la pasarela y un ocasional "Mexico City" adornando la parte final de las canciones.

Los 80's y 90's parecían tan lejanos en el ambiente como lo parecen también en el calendario.

Podías ver en la multitud padres con niños entre los 7 y los 12 años y el contraste me pareció devastador: Los padres cantando y rockeando la cabeza, los niños dormidos en las gradas, o jugando con alguna App en el celular del frustrado papá.

Por un momento, mientras sonaba "Let's get rock" pensé en que tal vez mis 31 años me hacían ver estas cosas de manera desagradable, pero después entré en razón y me di cuenta que no era yo, que es la época, es la música.

En una época, saberse la letra de una canción era motivo de orgullo y cantarla junto a la banda representaba la máxima hazaña de la vida, y por un momento sentirse escuchado junto con miles de voces entonando algún coro, era motivo de orgullo y honor.

Por un lado dejamos que eso se perdiera y por otro, a los encargados de preservarlo, ya no les interesa.

Def Leppard no es ni por aproximación, una de mis bandas favoritas, pero simplemente no puedes dejar pasar la oportunidad de verlos en alguna ocasión.

Son 40 años desde que la banda se formara y 30 desde que Hysteria marcara un antes y un después en la bio de la agrupación, famosa por tener un baterista con un solo brazo y ser los mas dignos representates del Hair y el Glam de Reino Unido.

Justo cuándo el concierto comenzaba a caer en una especie de "bache", hubo algo que cambió por completo el destino de la noche: “Muchas gracias a todos los que ayudaron a salvar vidas”. Pareciera que a los mexicanos nos gusta que nos estén agradeciendo de todo, porque en ese momento la audiencia explotó, de pronto todos bajaron el celular, levantaron las manos, aullaron y se dieron cuenta de que el algún momento habían llegado 16,200 personas a la Arena.

Ya no había marcha atrás: cheve en mano, celular en la bolsa y unas enormes ganas de cantar junto a Elliot, en solo unos acordes, se había transformado el ambiente en una fiesta. En un verdadero concierto de rock.

Elliot no pudo ser mas oportuno, -el señor conoce su chamba-, y es que justo en ese momento llegaba el turno para que Rick Savage, su melena y su bajo tomaran posesión del escenario y junto con Rick Allen, el baterista de una sola mano, nos demostraran que el rock and roll sigue vivo y que a veces es solo una cuestión de actitud.

Sonaron algunos temas mas, pero el momento emotivo de la noche llegó cuando la banda tomó sus posiciones, y como si supieran el placer que estaban por provocar, las notas de Hysteria inundaron cada rincón del venue, la power ballad sonó perfecta, la cantamos y la sentimos, pero había algo extraño en ese riff, se parecía pero no era idéntico al de la canción original... mas bien se parecia al de Heroes, de Bowie. Así fue, en una especie de tributo a David y a México, Def Leppard masheó el verso: "We can be heroes, just for one day", las luces se apagaron por un momento y una ensordecedora ovación superó al sistema de sonido.

Llegó el turno de "Pour Some Sugar On Me"... se podrán imaginar aquello.

Los que querían que me sentara, ya se habían parado, los jóvenes habían por fin guardado su celular y parecian disfrutar la música, miraban asombrados las pantallas donde se proyectaban los rápidos movimientos de los dedos de Vivian y Phill en los solos de guitarra y miraban maravillados la capacidad de Rick, que mas que fuerza, le mete corazón. Joe y Rick, miembros fundadores, saben que es otra batalla ganada.

Terminó la primer ronda y la banda se retiró a descansar un par de minutos.

El encore llegó y la fiesta terminó como cualquier concierto de rock debería de terminar: con la voz devastada, con un par de vasos de cerveza vacios, nuevos amigos, el cuello caliente y a sabiendas de la factura que se pagará al día siguiente, pero sobre todo con un sentimiento desbordado de felicidad por ver a esos grandes musicos hacer lo mejor que saben hacer.

Como es de esperarse mientras escribo esto, Def Leppard suena de fondo, probablemente lo seguirá haciendo el resto de la semana.

 

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