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#Columna - Spiderman: Regreso a Casa

11/07/2017 | 11:58 | Ann Olvera

 
Con un título que no pretende sutilidad, (no al menos en su traducción al español), Marvel deja en claro que el inicio del trepamuros es exactamente sólo eso: el inicio.
 
El comic de Spiderman, allá por 1963, comienza como una propuesta de aminorar la perfección de los superhéroes y hacerlos más reales para una audiencia que vivía sin estar obligada a lidiar con detener un avión con sus propias manos, y nada más lleno de problemas que todos conocemos, como la vida de un adolescente. Es así como Peter Parker, un estudiante más listo (e introvertido) que el promedio, tiene que sortear ya no sólo con sus asuntos, sino con las responsabilidades que sus nuevos poderes le otorgan. Con esta introducción, podemos entender cuál es el reto no sólo de Peter, sino de cualquiera que lo pretenda escribir, producir, dirigir o actuar: es llegar a la concreción donde a pesar de las diferencias entre Parker y su alter-ego, estos son uno. Peter no es Superman en donde Clark tiene que ser casi tartamudo y con fobia al contacto visual, Peter es un chico que pretende resaltar como el mismo y ganar un futuro, a parte de Spiderman. Encontrar el equilibrio entre la infancia y la adultez; la personalidad socialmente torpe y la sarcástica afamada; entre el superhéroe y el adolescente, es el reto de Tom Holland, es el reto de Spiderman: Homecoming.
 
El tono de la película queda bien en claro cuando observamos  que el primer frame es un dibujo infantil de los Avengers, hecho por el hijo de uno de los compañeros de trabajo de quien se convertirá en el antagonista. No es difícil de leer, esta película no es de los Avengers, no es de los adultos, es de los niños, de hijos de quienes estuvieron presentes. 
 
Los elementos propios de la juventud actual no se hacen esperar. Seguimos a un Peter que graba con su smartphone a modo de vlog las aventuras vividas en Civil War, recordándonos que no es ni de cerca la primera vez que le vemos (inserte chiste de las once horas y cuarenta y siete minutos de las anteriores películas arácnidas aquí) hasta llegar al presente donde Tony Stark regresa a casa a un joven que aún no cabe de emoción en sí mismo y menos al develarle que podrá quedarse con el traje del multimilonario. El tiempo transcurre y Parker aspira más a reintegrase con Stark que ha preocuparse por sus problemas… el cual se convierte en su mayor problema. Como un muchacho que ha sido llevado a lo más alto y regresado al piso, Peter se rehúsa a poner los pies sobre la tierra y comienza a dejarse llevar por la mezcla de ingenuidad y desesperación por pertenecer de cualquier adolescente. No es hasta tocar fondo, por un lado tocar fondo es provocar la explosión de un arma, partir un barco a la mitad, arriesgar cientos de vidas y ser lo suficientemente ciego como para no admitir sus errores y por otro estar literalmente en el fondo de una pila de escombros, cuando empieza su transformación de un chico con buenas intenciones, poderes y un traje a un verdadero héroe que comprende que el poder no está en su ropa, sino en la determinación.
 
Por otra parte Adrian Toomes (Michael Keaton), un hombre que podría ser cualquiera, ve su futuro y el de su familia afectado cuando Tony Stark comienza una brigada especial por la cual Toomes ve perdido su trabajo. Aún no lo vemos con el traje, pero el resentimiento ya ha convertido a Adrian en el Buitre. Keaton encarna a un intimidante adversario que se vuelve más complejo al nunca olvidar que es un padre y se apropia de un gran plot twist que evoca el momento de pánico experimentado por un adolescente al conocer por primera vez al padre de su cita.
 
Este plot twist, es sólo un ejemplo de lo comprometida que la película se encuentra con su audiencia adolescente. El filme no hace más que traer situaciones comunes de la juventud con otras, obviamente, no tan comunes correspondientes a Spiderman, donde Tom Holland halla la forma de llevar ambos lados de la moneda y aun así hacernos sentir que estamos frente a una sola persona. Peter toma decisiones constantemente (buenas o malas), lo que nos recuerda a quienes ya la pasamos y les dice a quienes la viven, lo crucial que es esta etapa para saber qué clase de hombres o mujeres seremos y es por medio de la determinación que logra vencer uno de los mayores problemas de la adolescencia: descubrir y aceptar quién es uno mismo como individuo y tomar fuerza de ello.
 
El resto del cast encaja, las figuras adolescentes batallan constantemente con no caer en estereotipos y la verdad es que rara vez lo logran, pero al menos hay un atisbo que nos dice que estos chicos y chicas están tratando: ese atisbo es Flash, el provocador de la escuela que no es el más listo de su equipo de ciencias, pero no es un completo idiota que desprecia siquiera mirar el índice de un libro. Las bromas acerca del físico de Marisa Tomei o la incertidumbre a la identidad del personaje de Zendaya, son hábilmente aprovechadas. Si bien esta es para mí la primera vez que una película de superhéroes es dirigido a un rango de edad menor al mío, puedo crear empatía y tener comprensión de las situaciones, además de rememorarme que no hay mejor punto para disfrutar la torpeza de la adolescencia, que desde la lejanía.
 
Spiderman, Peter, Marvel te ha recibido poniendo cada carta a tu favor, con orquesta de apertura y un nuevo target al que nadie había llegado de forma tan directa, no cabe duda que han logrado que regreses a casa.
 
Gracias por pasar.
 
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