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En este país es obligatorio gastar 200 dólares diarios

Agencia | 13/06/2019 | 00:04

El Reino de Bután alberga hermosos paisajes montañosos, bosques y selvas exuberantes que se unen a una impresionante riqueza de templos budistas. Además, se dice que es uno de los países "más felices del mundo" que conserva intacta su cultura y tradición, y que ofrece una amplia variedad de actividades, como trekking, rafting, kayak y rutas en bicicleta, en un entorno inolvidable y con lugares poco explorados.

 

Hay muchas y buenas razones para visitar este país del sureste asiático, uno de los más pequeños y menos poblados, con un accidentado paisaje en la cordillera del Himalaya que limita con China y la India.

 

"Es uno de los rincones más auténticos del mundo y sin turismo masificado, debido a su control de la entrada de viajeros. Su gobierno decidió medir su bienestar con un Índice Nacional de Felicidad, en vez de utilizar un indicador clásico, como el Producto Interno Bruto", informan desde Nuba, una agencia de viajes "exclusivos y a la medida".

 

No podrás viajar a este país del sur de Asia por tu cuenta. Si quieres viajar a Bután deberás planearlo con mucha anticipación y a través de una de las agencias de viajes autorizadas por el gobierno. Ésta se encargará de todos los trámites correspondientes.

 

Fue hasta 1974 que este país se mantuvo cerrado al mundo. Para proteger su cultura, controlan la entrada de los extranjeros exigiendo un gasto de entre 200 y 250 dólares diarios por persona, que incluye comidas, hospedaje, guía y recorridos. 

 

El Departamento de Inmigración del Gobierno de Bután en el encargado de aprobar y emitir los visados.

 

Anclado en un pasado no tan lejano, pero casi inconcebible para los occidentales, el lugar se encuentra escondido entre montañas y protegido por una política que lo mantuvo aislado del turismo hasta 1974.

 

Bután es un reino donde el paso del tiempo apenas se percibe y se respira espiritualidad.

 

"Venir a este país es una experiencia transformadora, en la que el viaje exterior implica un viaje interior. Es ideal para aquellos aventureros de espíritu joven, sin importar su edad, que no quieren perderse nada, que todo lo quieren ver y sentir, que desean superar barreras", explica Inés García, directora de marketing y comunicación de Nuba.

 

Para disfrutar de Bután, lo ideal es hacer un viaje de 10 días como mínimo y, de preferencia, durante la primavera del hemisferio norte.

 

"El disfrute comienza desde el aire, antes de aterrizar en el aeropuerto de Paro. Gracias a su ubicación, en una de las cordilleras del Himalaya, a una altura de dos mil 236 metros sobre el nivel del mar y rodeado por innumerables picos de más de cinco mil metros de altura, ofrece una entrada espectacular", destaca Inés.

 

Timbu, la actual capital

Un punto clave del viaje es Timbu, la capital butanesa, que alberga aproximadamente 100 mil habitantes, incluida la familia real. Es el principal centro de comercio, religión y gobierno.

 

"Esta pequeña y bulliciosa ciudad —explica Inés— es la más moderna de Bután, con una gran cantidad de restaurantes, cibercafés, bares, centros comerciales y cajeros automáticos, pero conserva su identidad cultural y sus valores".

 

Desde el puente de la ciudad se avista la capital, admirando los bosques, picos y puertos de montaña de más de cuatro mil metros de altura sobre el nivel del mar que la rodean.

 

La fortaleza y sede del gobierno Tashichoedzong, la Escuela de Artes y Oficios, el monasterio budista Changangkha Lhakhang, el monumento nacional conmemorativo Chorten (sede de fe), el Museo de Textiles, la Fábrica de Papel, así como el mercado de fin de semana y sus tiendas de artesanías, son algunos de sus atractivos.

 

El Valle de Paro

Esta pintoresca región, con innumerables campos de arroz, un hermoso y cristalino río que serpentea por el valle, más de 155 templos y monasterios, y una variedad de lujosos complejos turísticos, es uno de los principales destinos que atraen a los visitantes.

 

En el valle y sus colinas se asientan elegantes casas de estilo tradicional, mientras que la plaza central de la ciudad está adornada con una gran rueda de oración y un pequeño anfiteatro donde se celebran eventos todo el año.

 

Nadie podría perderse una excursión al Monasterio de Taktsang o Nido del Tigre, sagrado para los budistas mahayanas y el mayor atractivo de Bután, y el Museo Nacional Tadzong, que alberga la colección más completa de iconos, estatuas de bronce, pinturas, monedas y thankas (diagramas simbólicos).

 

Punakha, la capital antigua

Punakha fue capital del país desde 1637 hasta 1907. Se sitúa en un valle con un promedio de mil 200 metros de elevación sobre el nivel del mar. Llama la atención por conservar el segundo ‘dzong’(fortaleza-monasterio) más antiguo y grande del país, también con una de las estructuras más majestuosas.

 

"Para acceder a Punakha se atraviesa el paso de Dochula (a tres mil 100 metros de altura sobre el nivel del mar), desde donde se aprecia una de las panorámicas más impresionantes del Himalaya oriental y del pico Gangkhar Puenseum (siete mil 570 metros), muy conocido e impactante por la solemnidad que transmiten sus 108 estupas", explica Inés García.

 

"Durante el descenso a Punakha, el viajero cruza frondosos bosques de magnolias y rododendros, arrozales dignos de fotografía y naranjos", describe la experta.

 

Experiencias que transforman

 

Otras experiencias inolvidables y transformadoras que se pueden vivir durante un viaje a Bután son las siguientes...

 

1. Sobrevuelo en helicóptero privado por el Himalaya. Es una actividad a realizar preferiblemente en invierno, cuando el cielo es más claro y azul y permite disfrutar de una espléndida vista de la cordillera nevada.

2. Ascender hasta el Monasterio del Nido del Tigre (Taktsang) a caballo. Ninguna breve descripción le haría justicia pero, a grandes rasgos, es un templo suspendido sobre un acantilado de 900 metros de altura. Después de recorrerlo, el visiante puede meditar en una sesión privada con un monje local.

3. Llegar al antiguo monasterio de Khewa Lhakhang para formar parte del tradicional ritual de encendido de la lámpara de mantequilla de yak y conectar con la naturaleza más pura disfrutando de una barbacoa de leña en el valle de Phobjika.

4. Participar en una ceremonia privada de meditación budista en los templos de Gangtey, los monasterios de Punakha Dzong y de Chimi Lhakang (instruida por sus monjes) o asistir a clases de yoga.

5. Dormir en la casa de una familia en la zona rural de Punakha para participar de sus costumbres y vivir de cerca la esencia butanesa.

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