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Nuestra naturaleza tiene la culpa

ENTRE PAPELES

Pedro Cervantes Roque | 18/05/2019 | 10:28

EL FUEGO ES DE LOS ELEMENTOS naturales más temidos por la humanidad. Por eso algunas religiones, entre ellas la nuestra, imaginan los infiernos ardiendo eternamente. Es seguro que una muerte por quemaduras es la peor que alguien puede sufrir. Indeseable pues, temido como ninguna otra causa de temor, del rechazo pasamos al enfrentamiento y -si el vencimiento está al final- entre sudor y lágrimas los vencedores tendrán que platicar a sus descendencias la aventura de apagar el infierno que se abrió paso alentado por el viento y la impotencia de impedir su avance entre la maleza escasa y pobre de las sierras potosinas.

 

SIN EMBARGO, ¿QUÉ DEBEMOS hacer en el futuro?

 

LA SORPRESA DE TENER UNA ZONA urbana entre la bruma que venía del sur y luego del oriente por incendios que dijeron estaban fuera de control, no produjo la infaltable opinión de los políticos, de sus partidos o de las organizaciones no gubernamentales que para todo tienen un remedio y hasta el trapito en algunos casos.

 

NO HUBO MANIFESTACIONES NI marchas y a nadie se le ocurrió que era demandable al menos un refugio para el caso de que una chispa aventurera alcanzara nuestros parques recreativos y los jardines de esta que alguna vez fue bautizada como “la ciudad de los jardines”.

 

CREYERON ALGUNOS QUE EL llamado a donar alimentos y vituallas para los brigadistas luchadores debía tener la misma velocidad con que las llamas iban de ladera en ladera, de punta a punta de los cerros y barrancos, y saturaron los depósitos muy pronto con agua especialmente, con latas y panes. ¿Qué estaba sucediendo?

 

LOS CIUDADANOS, ESPECIALMENTE los jóvenes que sienten la responsabilidad social de proteger nuestro entorno y conservarlo para quienes lleguen a partir de nuestro presente, acudieron a donde pensaron podían ser incorporados a las brigadas. No hubo, sin embargo, una presencia destacada del cuerpo de bomberos porque -supongo- no son muchos y la zona urbana reclama su alerta permanente.

 

¿QUÉ DEBEMOS DE HACER EN EL futuro?

 

NO SÉ NI LO IMAGINO. LAS causas de nuestros incendios forestales son accidentales. El clima favorece la aparición de una flamita que luego cobra fuerza y transforma el paisaje en un infierno catastrófico.

 

LO CIERTO ES QUE LA NATURALEZA no admite grillas ni soporta sedicentes “activistas sociales” dispuestos a todo, incluso a recibir dinero porque tiene su chiste dar la cara en el escándalo y la representación teatral de los conflictos -suelen llamarse tragedias- mientras se soportan frases malsonantes y empujones.

 

ES SEGURO QUE PARA EL VERANO que viene nuestros cerros y cañadas del sur podrían reverdecer al menos un poco, resurgir de sus cenizas y pacientemente esperar que la lluvia vuelva a despertar sus semillas.

 

ASÍ ES LA NATURALEZA, HAY QUE comprenderla. Hay que estimularla, pero también hay que protegerla aunque sea un trabajo de no mucho agrado entre políticos, entre encargados de protección civil y hasta entre gobernantes que están seguros de que es un mal negocio destinarle recursos a esos menesteres. Dios dirá.

 

pedrocervantesroque@yahoo.com.mx

 

 

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