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Tres milagros para Yesi

Sobrevivió a La Bestia, encontró un benefactor y también amigos inesperados

Adriana Ortiz Vázquez | 08/10/2018 | 01:32

La noche del 22 de agosto me fui a dormir con un peso sobre mis hombros. No me ha ido nada bien económicamente y me va a costar mucho sacar adelante los compromisos de este mes. Buscando consuelo me puse a rezar, a mi manera… Y así, aletargada entre padrenuestros mezclados con párrafos del avemaría y pidiéndole a Dios un milagro, me fui quedando dormida.

 

En la mañana me dispuse a ir a la tienda. Al regresar, al pie de las escaleras de mi casa me encontré con una jovencita que usaba muletas. Era muy delgada y tenía cara de cansancio, pero aún así sonreía. Su pierna derecha había sido amputada debajo de la rodilla.

 

Ese día festejábamos el cumpleaños de mi papá, así que pude haber pasado de largo, sin inmutarme, sin sonreír ni dar los buenos días.

Sin embargo me detuve para preguntarle qué necesitaba. Sacó un papelito de su short y me dijo que buscaba ese lugar. Era la dirección del DIF estatal. Le di indicaciones de cómo llegar y comenzamos a platicar.

 

Se llama Yesi... y está viva

Se llama Yesi, tiene 19 años. Es migrante y viene de Guatemala. Le pregunté qué le había pasado y me contó que se cayó del tren. Entonces, sus ojitos se humedecieron y los míos, inevitablemente, se llenaron de lágrimas. La abracé y le susurré “pero estás viva, mi niña…”

 

En eso estábamos cuando un muchachito con la sonrisa más amplia que he visto, dio vuelta en la esquina. Venía muy contento diciendo que los del local donde venden desayunos les iban a invitar unos taquitos. Se presentó como José y yo pensé que eran hermanos, pero no, es ahora no solo un amigo sino un hermano. Él es de Honduras. Traía un folder con unas hojas que me mostró: era la cotización de la prótesis para Yesi. Iban al DIF para solicitar apoyo.

 

Les dije que nos sentáramos en los escalones y mientras yo leía la cotización, me contaron partes de la historia. Se habían conocido el día del accidente. Ella viajaba con su esposo. Se habían bajado de “La Bestia” en San Luis.

 

El día del accidente, entre cinco migrantes habían logrado juntar 18 pesos que les alcanzaron para comprar un refresco de 650ml y algo de comer para compartir entre todos. Se sentaron a platicar a un lado de las vías. Mientras lo hacían, ella sintió una punzada en el corazón, como un presentimiento, que le dio mucho miedo. Entonces el tren comenzó a avanzar y ellos corrieron para subirse pero Yesi no lo logró.

 

La tragedia la alcanzó en La Bestia

Los que habían trepado le dieron la mano, apresurándola, pues el tren iba cada vez más rápido. “¡Te subís o te quedás!”, le gritaron. Yesi tomó impulso, pero no logró aferrarse y se soltó de las manos que la sujetaban. Cayó. Los que aún seguían abajo tratando de subir, la jalaron de la capucha de su sudadera y la sacaron de la vía. El tren pudo haberla partido en dos, pero solo pasó por encima de su pierna.

En ese momento, José, que alcanzó a ver todo desde arriba, se bajó de prisa, mientras los hondureños que iban con él se alejaban en La Bestia. El esposo de Yesi y José se quedaron con ella. En el Hospital Central le amputaron la pierna. Ahí mismo unas personas hicieron trámites y le consiguieron a Yesi la nacionalidad mexicana para que el Seguro Popular pudiera cubrir el costo de la amputación.

 

Después de escuchar su relato, los invité a subir a mi casa y ahí les llevaron sus taquitos, que Aldo, el taquero, muy alegremente anunció en la puerta: “¡Sale orden de taquitos para los migranteeees!”

 

Mi hija Nenée le regaló esa guitarra negra que hace mucho le compré.

 

José estaba feliz. La acarició y la hizo vibrar como todo un gran músico; después tocó también en el piano unas alabanzas hermosas. Como era cumpleaños de mi papá, le improvisó un rap donde agradecía todo esto y lo conmovió tanto que lo hizo llorar como hace muchos años no veía a mi padre, un hombre de rostro y sentimientos duros.

 

Una vida de dificultades

Yesi y José vinieron a cambiarnos el día y la vida. Ella, a pesar de su tragedia, es una jovencita optimista y alegre, llena de planes y de ganas de salir adelante. Bonita, cortés, elocuente y amable. Educación escolar nunca tuvo. Trabaja desde los 6 años. La violaron a los 12, tiene una niña de 4 años y ha vivido una serie de desgracias que es mejor no describir.

 

Después de un tiempo acompañándola en el Hospital, José decidió continuar su viaje hacia la frontera. El esposo de Yesi -Roberto- consiguió empleo en una carnicería. Sin papeles es casi imposible que alguien les dé trabajo y no pueden irse en un lapso de 6 meses, en lo que la pierna de Yesi sana completamente.

 

José, su fiel amigo, no ha dejado a Yesi ni un instante y se hicieron como hermanos desde que ella cayó de ese tren. Es su guía, su sostén, él la lleva y la trae, con los trámites y las ayudas pues su esposo trabaja. Hace unos días, que Yesi estaba triste, su esposo le dijo: “¡Ánimo! Te vamos a llevar a la Feria, para que no estés más así!”

 

El segundo milagro la sorprendió

Entre los dos se la llevaron, y ahí, en medio de miles de personas, en ese mar de gente que acudía a divertirse, con el único pensamiento de pasársela bien, se toparon de frente con un tipo que se les acercó y le preguntó a Yesi, “¿Qué te pasó, niña?” Y que después de que le contaron, les dio una tarjeta y les pidió que lo buscaran. Resultó ser el dueño de una tienda de prótesis. Lo fueron a ver, y en la cotización que yo misma leí, les hace un presupuesto en el que absorbe 10 mil pesos del costo.

 

Prometí a los chicos moverme, buscar ayuda, apoyos, con amigos, con conocidos, con autoridades, con iniciativas si las hubiera; y coincidió que en una fiesta con algunos de mis amigos recibí un mensaje de José, diciéndome que Yesi estaba deprimida.

 

En ese momento decidí contárselo todo a uno de mis más grandes y queridos amigos, a quien tenía justo enfrente. Ni siquiera me dejó terminar. Mi amigo me dijo que no se hablara más el asunto. Que él hablaría con “toda esta bola de cabrones”, y que entre todos pondrían el dinero para la prótesis de Yesi.

 

Se cumplió el tercer milagro

Eso fue el sábado y anoche me mandó un mensaje para decirme que el dinero está reunido. Que esta tarde iremos a entregarlo al ortopedista y Yesi pronto podrá tener su pierna que él prometió que le haría hermosa y color carne, para que ella pueda sentirse lo más cómoda posible y continuar con su vida.

 

José siente que quizá no debió arriesgarse tanto. Dice que quiere ver crecer a ese hijito que dejó en su natal Honduras y que no sufra como él. Ha decidido entregarse a Migración y volver a su país. Dice que su misión aquí está cumplida.

 

Antes de conocerlos yo estaba totalmente atribulada, rogando por un milagro, una luz en mi mundo tan estrecho y carente de peligros, tan rutinario y tan cómodo, tan seguro y tan lejos de la realidad del resto de la gente que no nació con la misma estrella que muchos de nosotros.

 

Aquella noche pude haber pasado de largo, sin inmutarme, sin siquiera sonreír ni dar los buenos días, o hasta pude haber sospechado lo peor ante la presencia de dos migrantes, pero tuve la oportunidad de ver otro mundo y de creer en la gente.

NISSAN

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