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Meteoritos se salvan de incendio en Museo de Brasil

Las palabras del museógrafo Marco Aurelio Caldas tras ingresar ayer al Museo Nacional de Brasil expresan la magnitud de la tragedia: “Se acabó todo”.

Agencia | 10/09/2018 | 13:46
Con excepción de varios meteoritos, y a reserva de una evaluación más detallada, el incendio que se produjo la noche del domingo en el recinto que este 2018 cumplió 200 años, destruyó casi toda la colección de 20 millones de objetos, entre los que había piezas grecorromanas y egipcias; “Luzia”, el cráneo humano más antiguo hallado en América; y uno de los más grandes acervos de las etnias del Amazonas.
 
El humo salía el lunes del Museo, mientras que afuera manifestantes expresaban indignación por la falta de recursos para preservar el patrimonio cultural, lo que causó la destrucción de buena parte de los archivos más ricos de Latinoamérica, piezas históricas y documentos.
 
En febrero, el director de la institución, Alexander Kellner, alertó: “Sólo tenemos fondos para medidas paliativas de prevención”. Aunque ayer dijo que habría que evaluar la magnitud de los daños, el vicedirector, Luiz Fernando Dias Duarte, insinuó que podría ser catastrófico, con la mayoría de los objetos en el edificio principal destruidos, a excepción de algunos meteoritos. Varios medios hablaban de 90% de pérdidas en los tres pisos del edificio que alguna vez fue un palacio de la familia real.
 
Historia de recortes. El director Alexander Kellner aseveró que el incendio fue consecuencia de años de negligencia de diferentes gobiernos.
 
“Es intensamente triste y un reflejo del abandono que sufren actualmente las instituciones culturales en Brasil”, expresó vía correo electrónico el curador mexicano Pablo León de la Barra, quien fue director de la Casa França Brasil en Río de Janeiro.
 
Los hechos generaron indignación y críticas por la deteriorada infraestructura y los déficits presupuestarios, mientras los brasileños se preparan para votar en las elecciones nacionales de octubre.
 
Varios funcionarios han dicho que se sabía que el edificio estaba en un estado de grave deterioro y que había un riesgo significativo de incendios.
 
El museo había sufrido de falta de fondos durante años, lo que impidió que se hicieran renovaciones y obligó a que algunas exhibiciones fueran cerradas. El diario Folha de Sao Paulo reportó en mayo, mientras el museo se preparaba para celebrar su bicentenario, que el presupuesto anual había disminuido de 130 mil dólares en 2013 a 84 mil dólares el año pasado (un millón 600 mil pesos).
 
Otra señal de que el recinto estaba en aprietos fue cuando una plaga de termitas, el año pasado, provocó el cierre de una habitación que contenía un esqueleto de dinosaurio de 12 metros de altura. Entonces, los funcionarios recurrieron a la financiación colectiva para juntar el dinero y poder reabrir la sala.
 
El vicedirector contó que los funcionarios buscaron fondos para una renovación en 2013, al mismo tiempo que Brasil gastaba millones de dólares para construir estadios para la Copa Mundial de 2014: “Del dinero gastado en cada uno de esos estadios, un cuarto hubiera sido suficiente para hacer que este museo fuera seguro y resplandeciente” y aseveró que la responsabilidad de la destrucción del museo recae directamente sobre las autoridades federales.
 
Dias Duarte recordó que los empleados del museo habían recibido hace poco una capacitación por parte de los bomberos sobre cómo evitar y reaccionar a un incendio en el edificio: “Era una preocupación constante”, contó y agregó que él desconectaba todos los aparatos eléctricos de su oficina antes de irse por el riesgo de incendios. En el enorme sitio donde se encuentra el museo había señales evidentes de deterioro, como que la valla estaba en ruinas, las piedras tenían grietas y los jardines parecían descuidados.
 
Roberto Leher, rector de la Universidad Federal de Río de Janeiro —de la cual forma parte el museo— explicó a los reporteros que el edificio necesitaba una remodelación en sus sistemas eléctricos y de agua y un nuevo plan de prevención de incendios: “Todos sabíamos que el edificio se encontraba en un estado vulnerable”.
 
Roberto Robadey, portavoz del departamento de Bomberos, dijo que se tardaron en comenzar a combatir las llamas porque los dos hidrantes más cercanos al museo no funcionaban y hubo que enviar camiones a traer agua de un lago cercano.
 
Cuestionado por un reportero sobre por qué un desastre de este tipo no ocurre en instituciones culturales de otros países, el director del museo, respondió: “Pregúntate eso. Es una buena pregunta, háztela”.
 
Acerca de las causas del incendio, el diario Folha de Sao Paulo dijo que se cree que pudo ser por la caída de un pequeño globo aerostático en el techo del edificio o por un cortocircuito desatado en la sala de audiovisuales.
 
Recesión y corrupción. El país más grande de Latinoamérica ha batallado para salir de su peor recesión en décadas. El estado de Río de Janeiro ha sido de los más afectados en los últimos años debido a la combinación de la caída de los precios mundiales del petróleo —una de sus principales fuentes de ingresos—, la mala gestión y la corrupción.
 
El gobierno de Brasil anunció anoche que comenzó el proceso de reconstrucción del recinto; esto se dio a conocer en una rueda de prensa con los ministros de Educación, Rossieli Soares, y de Cultura, Sergio Sá Leitao. Soares afirmó que la reconstrucción comenzará con la inmediata entrega de 10 millones de reales (unos 2.4 millones de dólares) “para garantizar la estructura física y la seguridad, incluso estructural” del edificio, debido a que Defensa Civil decretó la intervención del inmueble tras una inspección en la que se concluyó que, pese a que la fachada y las paredes externas siguen en pie, los muros internos y los pisos pueden desplomarse.
 
La siguiente fase de reconstrucción tendrá una inversión de 1.2 millones de dólares para financiar un proyecto ejecutivo, con apoyo de la UNESCO. La tercera fase será para montar un nuevo acervo para el museo; el presidente Michel Temer anunció que, para esta tercera fase, convenció a entidades financieras públicas y privadas a que aporten recursos a un fondo y adquirir la nueva colección. Con información de O Globo y Agencias
UCSLP - INTERNACIONALES

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