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Meade, experimentado tecnócrata lastrado por los errores del PRI

Abogado y economista con preparación y experiencia su candidatura presidencial se ve lastrada por la corrupción y los malos resultados de su partido

Isabel Reviejo EFE | 25/06/2018 | 13:39
Su preparación y su experiencia en el servicio público son las grandes bazas de José Antonio Meade, pero su candidatura presidencial se ve lastrada por la corrupción y los malos resultados de su partido, por lo que el PRI pudiera sufrir una sonora derrota el 1 de julio, según avanzan los sondeos.
 
Abogado y economista, Meade afronta la jornada electoral desde una tercera posición que le otorgan las encuestas, en las que no ha superado el 20 % de respaldo, a una gran distancia del líder izquierdista Andrés Manuel López Obrador, quien roza el 50 % en los sondeos.
 
A finales del pasado noviembre, Meade confirmó su intención de buscar la candidatura presidencial por el Partido Revolucionario Institucional, pese a no ser militante y gracias a que el PRI había modificado recientemente sus estatutos.
 
Con licenciaturas en Economía y en Derecho, así como un doctorado en Economía por la Universidad de Yale (EE.UU.), Meade (Ciudad de México, 1969) ha gestionado varias carteras tanto en la Administración de Felipe Calderón (2006-2012), del Partido Acción Nacional (PAN), como en la de Enrique Peña Nieto (2012-2018), del PRI.
 
Con Calderón, Meade fue secretario de Energía y de Hacienda, mientras que en el mandato de Peña Nieto estuvo al frente de las carteras de Relaciones Exteriores, Desarrollo Social y Hacienda.
 
El ahora abanderado de la coalición formada por el PRI, Verde Ecologista y Nueva Alianza también ha ocupado distintos cargos públicos, la mayoría en instituciones financieras.
 
Entre ellas la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro, el Instituto para la Protección al Ahorro Bancario y el Banco Nacional de Crédito Rural.
 
Durante la campaña presidencial, Meade ha mantenido una relación ambigua con el actual Gobierno.
 
Por un lado, ha querido mostrarse como un "candidato ciudadano" y mantener distancias con la Administración de Peña Nieto, salpicada por varios escándalos de corrupción de los que él ha salido indemne.
 
Por otro, se ha aferrado a los resultados obtenidos como secretario durante el sexenio -como la reducción de los niveles de pobreza- para intentar erigirse como el aspirante de la razón frente a López Obrador, a quien algunos analistas critican por sus ideas utópicas y propuestas poco concretas.
 
"Te pueden prometer la luna, pero no te la pueden bajar", asevera el candidato en uno de los mensajes radiofónicos propagandísticos.
 
En las entrevistas y debates, Meade adopta una actitud calmada y afable, y da rienda suelta a sus dotes de orador.
 
Católico y practicante, acude a misa todos los domingos junto con su esposa, Juana Cuevas, con quien lleva casado 24 años y tiene tres hijos.
 
Juana, a quien conoció durante su etapa de estudiante, ha sido además una de las piezas clave para conseguir que el candidato priista emane una imagen de cercanía.
 
"Él era el único (de los compañeros de clase) que no estudiaba, porque ya se lo sabía todo", afirmó ella en un vídeo publicado en redes sociales en el que cuentan cómo se conocieron.
 
A lo que el candidato responde con una sonrisa: "Yo trabajaba para convencer a Juana de que era un buen partido".
 
Pese a todo, el sino de Meade parece estar obstaculizado inexorablemente por los escándalos del PRI y las altas cuotas de violencia e inseguridad de los últimos años.
 
Pocas semanas después de comenzar la precampaña, en diciembre, una frase comenzó a repetirse como un eco: "Meade no levanta".
 
Incluso uno de sus rivales, el conservador Ricardo Anaya, de la coalición liderada por el PAN, llegó a decir que el PRI estaba considerando un cambio de aspirante.
 
En sus intervenciones públicas, Meade se muestra indiferente a los malos presagios y sigue convencido de que las urnas le responderán favorablemente.
 
El candidato incluso ha utilizado la inesperada victoria de la selección mexicana contra Alemania en el Mundial para insistir en que, al final, todo puede pasar.
 
"Así como en el fútbol no hay pronóstico ni apuesta que valga más que el resultado final del día del partido, lo mismo pasa en las encuestas (...). Tenemos tiempo y vamos a ganar", tuiteó, esperando que el destino dé un giro inesperado y que la suerte, como al "Tri", le acabe sonriendo.

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