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¿Por qué debemos premiar al periodismo con dinero?

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Leopoldo Pacheco | 13/06/2018 | 13:41

Los argumentos en el caso de San Luis Potosí, pueden ir desde que no habría otra forma de motivar a que le entren a un certamen y hasta que, por las circunstancias económicas  que prevalecen hoy en día entre el gremio periodístico es importante buscar alternativas que les permitan, por su trabajo acceder a lo que el sistema estableció como un aliciente.

Y es precisamente por una situación que vienen por un lado motivada por un recurso económico y por otro lado la proyección de su persona y su medio de comunicación, que muchos periodistas, desde reporteros de nota local hasta caricaturistas y articulistas, con su participación dentro de este tipo de certamen le dan legitimidad al reconocimiento público de su labor, y claro también a través del pago de un cheque.

Pero tenemos que recordar que en el origen de este tipo de reconocimiento no deja de estar presente la institucionalidad de los organismos que le dan validez, con la participación de un notario público, de una institución educativa, y finalmente de quien aporta el dinero que se otorga para dichos fines, y ese es precisamente la parte más delicada de este comentario que hago ahora amigo lector, porque necesariamente al momento de establecer los criterios para que se explique y se tenga la confianza de  la equidad y la transparencia de este  proceso, ha sido lo que más ha desgastado incluso la unión en algunos casos del propio gremio, el celo profesional, y porque no hasta el berrinche y la pataleta de aquellos que se sienten merecedores al premio, y no lo ganan argumentando que dentro del mismo proceso, hay “línea” o “dedazo”. Sin negar que estos argumentos puedan tener valides por supuesto por aquellas personas que los esgrimen, el proceso de evaluación de los Trabajos del premio estatal de Periodismo, ha sido lo único que no se ha podido superar a pesar de los múltiples cambios y de que existe un decreto al cual deben ajustarse los participantes, tanto organizadores, jueces y los propios periodistas que inscriben sus trabajos a reserva de someterlos al escrutinio particular de una persona, que por ende , podría no tener razón absoluta, o un criterio supremo para establecer que trabajo merece más un reconocimiento respecto a otro. Así afín  de perseguir una dinámica  más democrática, por las razones descritas anteriormente, no habría una solución más sensata más que los premios se voten de manera colegiada entre aquellos que forman parte del jurado en este caso. Sin embargo  cada año se vuelve a la carga en contra de quienes toman las decisiones, por múltiples motivos y razones, porque en principio de cuentas no es posible ser objetivo, porque aquellos que somos periodistas no somos objetos, cada uno de nosotros dejamos nuestra óptica, nuestro criterio en muchas de las piezas informativas que se maquilan día con día, y hasta  a veces un poco del corazón.

Por eso un periodista que nunca ha recibido un premio, como es el caso de su servidor, no se siente menos capaz que aquel que ha recibido cinco en su trayectoria, por la sencilla y más lógica razón de que los criterios dependiendo de quién evalúe pueden variar en cada certamen, y eso no debe significar bajo ninguna circunstancia que nuestro trabajo sea inferior.

Y en especial ese renglón posiblemente valga la pena señalar que el someter nuestro trabajo diario, o tal vez de varias semanas o meses de investigación o de entrevistas a un criterio de “otros” no deja de poner sobre la línea de la suspicacia y del recelo, ¿el quiénes son ellos para evaluar? ¿Quién los escogió? ¿Por qué?, y cuando menos en los últimos años, así ha sido en una vorágine de modificaciones y distintos criterios,  cómo se han volcado los procedimientos anuales, con puntos a criticar y sin duda susceptibles al cambio.

Pero no debemos olvidar tampoco que por más candados, filtros, personalidades invitadas, las más estricta probidad de un jurado, dejan de surgir este tipo de críticas que en el peor de los casos solo están contribuyendo a dividir al gremio, o a “tumbar” algún esfuerzo para darle mayor credibilidad a este certamen.

Lo único que puedo decir con toda seguridad es que todos y cada uno de mis compañeros de brega periodística, merecen sí ,un premio, pero de la manera más consiente por supuesto, el reconocimiento de sus lectores, de su audiencia, de su televidentes, que son la final del dá a quienes realmente nos debemos

HASTA LA PROXIMA

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