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Entrada a Venecia es restringida con torniquetes

Agencia | 12/06/2018 | 14:34
Meca del turismo, sobre todo en verano, algunas de las ciudades más preciadas de Italia adoptan medidas para no verse desbordadas y salvaguardar su patrimonio  ante el turismo de masas.
 
El país —que batió su propio récord el año pasado con 60 millones de visitantes— afronta una temporada cuyas previsiones anuncian que se superarán todos los números.
 
Tan solo en Venecia  transitan anualmente 26 millones de turistas, explica la asesora de Turismo del Ayuntamiento de esta ciudad, Paola Mar. La ciudad de los canales mantiene un pulso entre la necesidad de turismo y la de salvaguardar su patrimonio, dice la consejera.
 
Para regular la afluencia  de visitantes se han instalado cinco torniquetes  en los únicos puntos de entrada terrestre a Venecia. El destino es un museo a cielo abierto que no puede soportar más que un determinado número de turistas, insiste el presidente de la región del Véneto, Luca Zaia.
 
Los torniquetes se cierran cuando se ha alcanzado el número máximo e indican a los visitantes otros recorridos para descongestionar los más habituales. La apertura de negocios de comida rápida en la calle, sean de pizza, pasta o kebab (solo se salvan las heladerías), están prohibidos desde hace tres años a fin de preservar el alma de la ciudad, defiende Mar.
 
La Unesco, que amenazó con incluirla en la ciudades en peligro, le advirtió a las autoridades venecianas que era necesario tomar medidas rápidas y efectivas, consciente del impacto  de las mareas humanas que la atestan.
 
En otras zonas
 
El turismo de masas también lo viven en la zona conocida como las Cinque Terre (Las Cinco Tierras), en Liguria, donde han puesto un aforo límite de cinco mil personas para que puedan caminar por sus senderos, precisa el director de su Parque Nacional, Patrizio Scarpellini.
 
Se trata también de sensores que registran las entradas y que, cuando se supera el número fijado, cierran los accesos hasta que disminuye el número de visitantes, indica.
 
Otra joya situada en el golfo de Nápoles, Capri,  también estudia medidas para contener el turismo de masas. Por ahora se ha optado por prohibir la entrada a todo vehículo que no sea de residente. En cuanto a los desembarcos,  debe darse un intervalo de 20 minutos entre la llegada de cada ferry.

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