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Hijo ilegítimo de Carlos Javier de Borbón y Parma obtiene título de príncipe

Agencia | 04/03/2018 | 14:11
El Consejo de Estado de los Países Bajos ha dado el pasado miércoles su visto bueno para que el hijo ilegítimo del príncipe Carlos Javier, el duque de Borbón y Parma y pretendiente carlista al trono de España, pueda ser su Alteza Real el príncipe y un noble más de Holanda. No habrá desfiles ni fiestas de bienvenida, pero la ley ha reconocido el derecho de este veinteañero a recibir los títulos nobiliarios de su progenitor.
 
El príncipe Carlos Javier le ha negado el apellido a su hijo desde hace 21 años, pero ya no podrá hacerlo, por ley y por derecho. A pesar de ser fruto de una relación extramatrimonial, Hugo Klynstra lleva la sangre de un Borbón y aunque su padre muestre más cariño por sus títulos que por su descendiente, las autoridades y la justicia holandesas tiene una opinión distinta.
 
Para implementar el cambio de nombre aún se requiere un Real Decreto, pero el Consejo de Estado ya ha decidido en la apelación, presentada por el propio príncipe Carlos contra un fallo en 2016 del tribunal de La Haya, que también llegó a la misma conclusión de otorgar los títulos nobiliarios a Hugo Kleynstra. Una corte holandesa en Zutphen dictaminó en 1999 la paternidad, aunque Hugo siempre llevó el apellido de la madre.
 
Esta decisión y el cambio de nombre no convierte a Kleynstra en un miembro de la Casa Real de Borbón-Parma porque ese es ya "un asunto privado", dice el Consejo. Sin embargo, el joven no espera buenas nuevas de un padre que siempre le ha negado sus derechos, desde que nació, en 1997, de una relación con Brigitte Kleynstra. El príncipe Carlos siempre ha alegado que fue decisión de la madre tener el hijo y que no se le pueden exigir responsabilidades a él.
 
El príncipe Carlos de Borbón-Parma se incorporó a la nobleza holandesa en 1996. El título y la etiqueta le fueron otorgados a él y a sus descendientes masculinos. Según la ley holandesa sobre la nobleza, no se tiene en cuenta la forma en la que se establece la paternidad del niño, es decir, a la ley no le importa si el hijo es o no legítimo, y si al padre le apetece o no reconocer a su descendiente.
 
El joven, cuando era aún menor de edad, en 2015, pidió al Ministerio de Seguridad y Justicia un cambio de nombre. La solicitud fue tramitada entonces, dando un comienzo a una batalla legal que termina ahora con un golpe sobre la mesa del Consejo de Estado. Hugo tiene ahora 21 años y es el primer bisnieto, biológica y legalmente, de la reina Juliana y el príncipe Bernardo. 
 
La princesa Irene de los Países Bajos siempre temió, desde el nacimiento de Hugo, que éste, su nieto extraoficial, tomase este paso contra la familia: exigir el apellido, los títulos nobiliarios y las otras pretensiones herederas que le corresponden de su padre Carlos, quien lo tuvo durante "un pasado personal doloroso", según sus propias palabras. Las etiquetas de Borbón-Parma le proporcionarán prestigio, pero todo era una cuestión de principios para Hugo, hacerse valer ante toda Holanda.
 
Criado por su madre
 
Hugo nació el 20 de enero de 1997 y desde ese día se lo debe todo a Gitte, nombre de pila de Brigitte Klynstra de Hummeloo, su madre, que entonces tenía 38 años. Ella y el duque de Parma son amigos de la infancia y han mantenido una relación durante años, pero nunca han llegado a casarse o a vivir juntos. El duque de Parma tenía 26 años cuando nació el pequeño Hugo. Ambos padres, dice el príncipe Carlos, acordaron que no habrá vínculos familiares legales para no interrumpir la línea sucesoria de la Casa de Borbón y Parma.
 
Un progenitor del duque de Parma fuera de su matrimonio actual afectaría directamente a la herencia y nombre de su actual primogénito reconocido y legítimo. El príncipe Carlos es el primer hijo de la princesa Irene y también primo del rey de los Países Bajos, Guillermo Alejandro. Tiene dos hijas, pero también otros dos hijos: Carlos Hugo Roderik Sybren (1997) y Carlos Enrique Leonard (2016). 
 
Toda esta guerra es cuestión de títulos, a pesar de que el duque de Parma no puede reclamar el trono holandés porque su madre, tan rebelde como su nieto extraoficial, se casó en 1964 conversa al catolicismo y sin el permiso del Parlamento holandés. Su esposo rechazó renunciar a sus pretensiones al trono español, lo que provocó que la princesa Irene cayera de la línea de sucesión de los Orange. Un año después, se casaron sin la presencia de ningún miembro de la familia holandesa.
 
UCSLP - INTERNACIONALES

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